¿Y si Trump atacara Colombia?
Beatriz De Majo.- En Colombia es un secreto a voces que Estados Unidos estaría armando un plan de ataque militar en contra de asentamientos del ELN ubicados en territorio venezolano. Esta iniciativa útil a los fines de Washington parecería contar con la aceptación del gobierno ilegítimo que, con la venia del Norte, hoy opera desde Miraflores.
También en Colombia están observando que, a través de la frontera, se está produciendo un retorno masivo de efectivos de la insurgencia armada colombiana del ELN en previsión a la eventual incursión militar gringa en suelo vecino. El “vaciado” de los centros de operación de los enclaves donde opera la narcoguerrilla responde a una estrategia de control de daños: cuantos menos guerrilleros en un campamento, menor número de bajas. Ya para esta hora, el enclave que más tiene no acumula 50 efectivos.
Esto, en lo atinente al tema estratégico militar. Pero para la cúpula insurgente es preciso mirar lo que ocurre del otro lado de la frontera con criterio de largo plazo. Y es necesario igualmente anticiparse a la reunión que tendrán Gustavo Petro y Donald Trump en breve. Entre dos gobernantes de naturaleza absolutamente impredecible cualquier abordaje entra de lo posible, pero lo evidente es que quien tiene la sartén agarrada por el mango no es el presidente de Colombia.
Lo que también es claro es que al republicano Trump le interesa cosechar el triunfo de detener de una buena vez el flujo de cocaína hacia su país, y al cordobés Petro le conviene prestarse a este juego para poder también anotarse un triunfo útil para la contienda electoral parlamentaria y presidencial que ocurrirá en unas semanas. Una agresión militar de la naturaleza de lo que se espera afectaría a ciudadanos colombianos y posiblemente también lugares de la geografía neogranadina, con lo que el mandatario debe pensar bien hasta dónde otorgarle un aval -claro o subrepticio- al líder en Washington.
Entretanto, el ELN se ha sacado de la manga una nueva carta, a través de su delegación de paz. Se trata de una propuesta pública al país, a las fuerzas políticas y sociales: “Construir un Acuerdo Nacional para superar la crisis estructural y el conflicto social, político y armado de más de 7 décadas, que le permita a Colombia construir su futuro en democracia, soberanía, equidad y justicia”.
Al ungirse en los grandes componedores de los males de su país, quienes han sido causantes de incontables muertes y de crímenes de toda naturaleza en contra de la población, del destrozo de la institucionalidad regional y de la destrucción de buena parte del territorio, quienes son los actores principales del tráfico de drogas y de la contaminación de Venezuela con este criminal negocio, quienes son los reyes de las actividades económicas ilícitas y de la violencia nacional, desean convertirse, en esta hora, en los benefactores de la sociedad que han masacrado. En este punto es bueno reseñar cómo documentos de inteligencia militar en manos del gobierno americano relatan con detalles precisos las actividades y localidades cercanas a la frontera colombo-venezolana desde donde se organizan las actividades narcoguerrilleras del ELN.
No puede, pues, sino calificarse de desparpajo el paso dado por este movimiento al plantearlo: «Consideramos la actual campaña electoral como una oportunidad para debatir esta propuesta, de tal manera que iniciando el próximo gobierno abordemos la construcción de dicho Acuerdo Nacional».
Y así llegamos al momento en el que a Colombia le tocará dar un paso significativo: elaborar una posición para sí que, al tiempo que le dé luz verde a una acción del Pentágono en contra del narcoterrorismo que opera en Colombia o en manos de colombianos, le sirva para atornillar electoralmente a los seguidores del Pacto Histórico. La tarea es harto complicada.
Lo que ni Petro ni los elenos parecen tener presente es que la agenda del gobierno de Donald Trump se distancia mucho de las izquierdas recalcitrantes, aunque en Venezuela, por ahora, el acomodo fraguado con Delcy le esté siendo útil a sus fines.
En Venezuela será preciso refundar un país y reconstruirlo de sus cenizas. La tarea es apocalíptica. En Colombia solo hay que terminar con los grandes causantes de sus males y conseguir orientar a su favor el proceso electoral en ciernes.











