El Gobierno presume de empleo mientras esconde a miles de parados
Juan María de Andrés.- En los últimos años, el Gobierno de Pedro Sánchez ha repetido como un mantra que el paro ha disminuido de forma continuada: en diciembre de 2025, el desempleo registrado cayó en más de 16.000 personas y la cifra total se situó en 2,4 millones, con un descenso interanual significativo y el menor paro juvenil de la serie histórica según los datos oficiales difundidos por La Moncloa.
Para el Ejecitivo, estos números son sinónimo de éxito. Sin embargo, una mirada más crítica sugiere que la realidad podría ser menos halagüeña de lo que se presenta.
Más allá de la simple lectura de cifras, expertos independientes han señalado que el discurso gubernamental se apoya en una gestión cuidadosa de los datos estadísticos y en la presentación selectiva de determinados indicadores para construir un relato optimista. Un reciente análisis acusaba al Ejecutivo de retorcer metodologías estadísticas —no solo en empleo, sino en otras variables clave como el PIB o la inflación— para que encajen con la narrativa política oficial.
Esto pone en cuestión hasta qué punto las cifras de paro reflejan con fidelidad la situación real del mercado laboral.
El “parado oculto”: fijos discontinuos y empleo fantasma
Una de las críticas más persistentes se refiere al tratamiento estadístico de los contratos de fijos discontinuos. Este tipo de contratación —promovido por la reforma laboral impulsada por el Gobierno— deja fuera de las cifras oficiales a miles de trabajadores que no están activos ni reciben salario fuera de sus periodos de llamado, pero que tampoco figuran como parados registrados. Según estimaciones independientes, el número de personas en esta situación podría superar los 830 000, lo que implicaría que España tendría casi un 31 % más de desempleados si se incluyeran estos casos en el cálculo oficial del paro.
Este dato sugiere que buena parte de la reducción del desempleo podría ser artificial, producto de definiciones contables más que de una mejora sustancial del mercado laboral. Los críticos sostienen que así se maquilla la realidad: las personas sin empleo ni ingresos aparecen como ocupadas o como directamente fuera de los registros estadísticos, algo que suaviza el ascenso de las cifras de paro en las estadísticas oficiales.
Contratos temporales y calidad del empleo
Aunque desde el Gobierno se ha celebrado el descenso del desempleo registrado, otros datos muestran una cara menos positiva de la situación laboral. Por ejemplo, en noviembre de 2025 se firmaron más contratos temporales que indefinidos, y el número de empleos fijos creados fue menor que en años anteriores.
Esto indica que la reducción del paro no siempre va acompañada de empleos de calidad, y que buena parte de la “creación de empleo” puede responder a dinámicas estacionales o contratos de baja estabilidad.
Además, las cifras oficiales del SEPE y las cifras ajustadas por otras fuentes como la Encuesta de Población Activa (EPA) pueden arrojar resultados distintos. Por ejemplo, en el primer trimestre de 2025, la EPA mostraba un aumento significativo del desempleo y de la tasa de paro, algo que contradecía la narrativa gubernamental de mejora continua del mercado laboral.
No solo los analistas técnicos han alzado la voz. Partidos de la oposición, como el PP, han acusado al Gobierno de “falsear” las cifras enviadas a organismos europeos y han pedido una revisión de los criterios estadísticos para garantizar una representación fiel de la realidad laboral.
No cabe duda de que las cifras del paro no pueden leerse aisladamente. La forma en que se contabiliza el desempleo, la exclusión de determinados colectivos del cómputo oficial, la calidad de los empleos generados y las discrepancias con otras métricas estadísticas plantean dudas legítimas sobre si España está saliendo de sus problemas de desempleo o si simplemente se está tapando una parte del problema bajo la alfombra de las cifras oficiales.
La política económica y laboral de cualquier Gobierno necesita análisis críticos y transparencia total. Presentar solo los datos que encajan con el relato político puede ofrecer una foto estética a corto plazo… pero distorsiona la realidad que viven millones de trabajadores españoles. Y eso no debería aceptarse sin cuestionarlo.











