¿Por qué los “Free Palestine” no dicen “Free Irán”?
Álvaro Galán.- La consigna “Free Palestine” se ha convertido en uno de los lemas políticos más repetidos del siglo XXI. Se escucha en universidades, redes sociales, manifestaciones y parlamentos. Sin embargo, resulta llamativo —y profundamente revelador— que muchos de quienes la corean guarden un silencio casi absoluto ante la situación de países como Irán, donde la represión estatal es abierta, sistemática y brutal. ¿Por qué no existe un “Free Iran” con la misma fuerza, visibilidad y fervor moral?
La respuesta no es cómoda, pero sí clara: el activismo no siempre sigue los derechos humanos; muchas veces sigue una ideología.
Para gran parte del activismo contemporáneo, Palestina no es solo un conflicto concreto: es un símbolo. Representa al “oprimido global” frente a Occidente, a Estados Unidos, al capitalismo y al liberalismo. Israel queda encuadrado como extensión del poder occidental, independientemente de la complejidad histórica, política o regional del conflicto.
Irán, en cambio, no encaja bien en ese marco simbólico. Es un régimen autoritario, teocrático, represivo… pero antiestadounidense. Y eso, para ciertos sectores ideológicos, funciona como una especie de blindaje moral.
En Irán las mujeres son encarceladas o asesinadas por no llevar velo, la homosexualidad puede castigarse con la muerte, las protestas se reprimen con ejecuciones. Eso sí olvidarnos de las minorías religiosas y étnicas, que viven bajo persecución constante. Todo esto está documentado, es actual y es innegable.
Entonces, ¿por qué no hay marchas masivas, hashtags virales o ocupaciones universitarias exigiendo libertad para el pueblo iraní?
Porque el opresor no es “occidental”, y por tanto no sirve como antagonista dentro del relato dominante. Criticar a Irán obligaría a muchos activistas a admitir que el autoritarismo no es exclusivo de Occidente ni del “imperialismo”, y eso rompe un marco ideológico muy arraigado.
Irán no solo es un régimen represivo: también financia y apoya a actores como Hamás, Hezbolá o los hutíes. Señalar la falta de libertad en Irán implica, indirectamente, cuestionar a actores que muchos activistas defienden o minimizan bajo la lógica de la “resistencia”.
Decir “Free Iran” significaría aceptar que no todo enemigo de EE. UU. es progresista, ni toda “resistencia” es emancipado. Es decir, no todo conflicto cabe en una narrativa binaria de buenos y malos. Y eso exige un pensamiento crítico que va más allá del eslogan.
Activismo selectivo: derechos humanos a la carta
El problema de fondo no es apoyar a Palestina. El problema es apoyar unas causas ignorando deliberadamente otras igual o más graves, en función de si encajan o no con una ideología previa.
Cuando los derechos humanos se defienden solo en ciertos casos, dejan de ser derechos universales y se convierten en herramientas políticas.
Las mujeres iraníes que se quitan el velo y son golpeadas hasta la muerte no son menos dignas de solidaridad que ningún otro pueblo. Los presos políticos iraníes no valen menos porque su opresor no sea aliado de Occidente.
No pedir “Free Iran” no es neutral. Es una elección. Es decidir que algunas víctimas merecen megáfonos y otras solo silencio. Es aceptar, implícitamente, que hay dictaduras que conviene no molestar.
Y ese silencio, disfrazado de activismo, dice mucho más que cualquier pancarta.
Si mañana Irán se convirtiera en aliado de Estados Unidos, aparecerían mágicamente pancartas, hashtags y lágrimas públicas. No porque el régimen cambiara, sino porque el enemigo ideológico sí lo habría hecho.
Hasta entonces, las víctimas iraníes seguirán siendo invisibles para quienes presumen de conciencia moral.
No porque no sufran, sino porque su sufrimiento no es útil.












En las redes sociales y sin abrir un libro ni por equivocación es muy fácil jalear contra unos y otros como un papagayo…Para eso sirven las democracias bananeras, para dar voz a aquellos que no saben opinar de nada y cada vez que lo hacen, sube el pan…Literalmente.