Arbeloa no es entrenador para el real Madrid

Plantear a Álvaro Arbeloa como entrenador del Real Madrid no es una idea valiente ni innovadora. Es un síntoma de autocomplacencia, de un club que por momentos confunde el relato interno con la realidad competitiva del fútbol de élite.
Arbeloa no es entrenador para el Real Madrid. Y no lo es por una razón muy simple: no ha demostrado absolutamente nada que lo acerque a ese nivel.
Arbeloa fue un futbolista correcto, aplicado, disciplinado. Un soldado. Pero el Real Madrid no necesita soldados en el banquillo, necesita generales con cicatrices, entrenadores que hayan fracasado, ganado, gestionado crisis, egos y derrotas públicas.
Arbeloa no ha pasado por nada de eso. Su currículum como técnico es cómodo, protegido y sin riesgo. La cantera es un entorno controlado, casi estéril comparado con el ecosistema tóxico y salvaje del primer equipo. Pensar que ese recorrido basta es vivir fuera de la realidad.
El “ADN Madrid” como coartada
El famoso ADN Madrid se ha convertido en una coartada peligrosa para justificar la mediocridad. Saber lo que es el escudo no equivale a saber dirigir a Mbappé, Vinícius, Bellingham o cualquier vestuario lleno de estrellas mundiales.
Zidane funcionó porque su jerarquía era incuestionable. Arbeloa no impone respeto: lo pide prestado al escudo. Y en un vestuario de élite, eso no dura ni dos entrenamientos.
Cero autoridad, cero pruebas
¿Dónde ha demostrado Arbeloa que puede corregir a una superestrella sin romper el vestuario, sobrevivir a una racha de tres derrotas seguidas con la prensa en contra o competir tácticamente contra Guardiola, Klopp o Ancelotti? La respuesta es clara: en ningún sitio.
El Real Madrid no puede ser el laboratorio emocional de entrenadores noveles con pasado blanco. Eso no es planificación: es nepotismo sentimental.
El entrenador perfecto… para no molestar
Arbeloa encaja demasiado bien en el molde del entrenador institucional: discurso alineado, tono correcto, conflicto cero. Y eso, en el Real Madrid, es un problema.
Los grandes entrenadores blancos no fueron cómodos. Fueron firmes, incómodos, a veces incluso antipáticos. Arbeloa proyecta obediencia, no liderazgo.
El problema no es Arbeloa. El problema es que el Real Madrid se plantee seriamente poner su banquillo en manos de alguien sin experiencia, sin autoridad probada y sin recorrido competitivo.
Arbeloa puede aprender. Puede crecer. Puede equivocarse. Pero que lo haga lejos del banquillo más exigente del mundo.
Porque el Real Madrid no está para formar entrenadores. Está para ganar. Y Arbeloa, hoy, no garantiza absolutamente nada.











