La cabalgata de los demonios en la Europa del cuco
Laureano Benítez Grande-Caballero.- Europa, Europa… que arrebataste prometeicamente la luz de las esferas celestiales para iluminar sociedades, culturas, razas y civilizaciones; que cincelaste las más brillantes creaciones de la ciencia, el arte y el espíritu, para acabar así, asediada por chupasangres, Ramasantas y sacamantecas, por Landrús que vociferan sus amenazas desde los campanarios de tu democracia, desde las moquetas de tus hemiciclos mancillados por políticos correctamente entregados al globalismo, obsesionado por destruir para siempre los Notredames y capillas Sixtinas, los Tedeums y Summas Teológicas que esculpieron tu grandeza.
Europa, Europa… raptada en aquellos tiempo por un Dios, y secuestrada ahora por el Señor de las Moscas, que arrasa con tus fetos para sacrificarlos al gran Moloch, el Dios de los abortos, el de los ríos de color púrpura que desde las cunas imposibles va a derramar su sangre en los templos del NOM; raptada por un Dragón del Averno que te tiene encerrada en mazmorras que hieden a la herrumbre y al orín de la decadencia, donde tus habitantes, degradados por una ingeniería púrpura de emekaultras y lobotomías de manicomios, sobreviven a duras penas en campos de concentración custodiados por carceleros de hoz y mandil.
Europa, Europa… nacida en luminosas ágoras de infinitas columnatas, y que ahora has degenerado, víctima de las corrupciones que se han precipitado sobre ti como una avalancha apocalíptica desde que olvidaste la Cruz que por tanto tiempo enarbolaste como estandarte de tu civilización.
Europa, Europa… milenios de civilización para acabar así, en una apoteosis de vakeros rotos, campos arrasados por fotovoltaicas performances, por lluvias de pútridos nanometales, mientras invisibles demonios electromagnéticos arrasan los cerebros y las almas de tus habitantes, dibujando en tus horizontes el horror de unas calaveras desde la que nos mira el Señor del Averno; calaveras que proclaman siniestramente el presagio de la muerte anunciada que constituye nuestro destino; que constituyen el blanco perfecto para que desencadenados diablos ejecuten sus danzas apocalípticas.
Europa, Europa… que desde los majestuosos ámbitos del clasicismo te has degradado tanto, que ha forjado la kulturbasura de «Mad Max», un verdadero museo de los horrores donde se exhibe el feísmo más alucinante, con tribus urbanas de orejas perforadas a lo bantú, con argollas en sus narices perforadas a lo bosquimano, con pelos imposibles, con horribles tatuajes estilo Alcatraz, luciendo vestimentas de gorrapatrás y pantalones cagaos de los «maras» del Bronx, harapos hippientos importados de Woodstock.
Europa, Europa… ¿qué te ha quedado después de miles de años de civilización?: si antes fue la maravillosa Capilla Sixtina, ahora consideras artística las más tenebrosas y epatantes «performances», como mearse en la calle, dejar morir de hambre a un perro atado a una cuerda, o componer con hostias consagradas la palabra «pederastia»; si antes llegase al éxtasis con la novena sinfonía de Beethoven, ahora te embriagas con los alaridos chiripitifláuticos de contoneantes raperos con vestimenta barriobajera, con luciferinas Lady Gagas, Marilines Manson, Madonnas y Beyoncés.
Europa, Europa… sí, ¿qué es lo que te ha quedado después de milenios de haber forjado los valores morales y los elevados ideales que guiaron como un faro la historia universal? Poseída por un mal espíritu que te llevó a abandonar tu cristianismo genético, exhibes ahora las llagas purulentas de una lepra moral que te ha llevado a las catacumbas del Tártaro: alcoholismo, drogas, la carnicería de los abortos masivos con cargo al erario público, la patética banalización del sexo, el imperio LGTBI, el consumismo deshumanizado, la náusea de una vida sin trascendencia, la claudicación ante el satanismo que quiere fagocitarte, ante el multiculturalismo que has introducido entre tus murallas como un exterminador caballo de Troya que arramblará con lo poco que te queda ya de la gloriosa herencia que malgastaste.
Europa, Europa… fuiste durante mucho tiempo el imperio de la luz, y ahora eres territorio donde Lucifer y Lilith comanchean a su antojo, porque tu estandarte ya no es la Cruz, sino una bandera azul donde luce esplendorosa una «jolly roger» rodeada por las estrellas de la noche nochera que se ha abatido sobre ti, con sus vampiros, con sus lobos, aulladores en el toque de queda de tus ciudades amedrentadas.
Tu destino inmisericorde es el que se refleja en las famosas palabras de Harry Lime (Orson Welles) en la película «El tercer hombre»: «En Suiza hubo amor y fraternidad, 500 años de democracia y paz, y… ¿que tenemos?: el reloj de cuco».
Sí, Europa, ese reloj está marcando tu horizonte final, porque, después de siglos y siglos de democracia y Cruz, ¿qué tenemos?: tic-tac, tic-tac, tic-tac… La cabalgata de los demonios.
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