Cuando los políticos matan: decisiones que cuestan vidas (Video comentario de Joaquín Abad)
Hay una verdad incómoda que en España se evita mirar de frente: las decisiones políticas no son neutras, y cuando se toman mal, tarde o pensando antes en el relato que en la realidad, pueden acabar matando. No es una exageración ni una consigna alarmista. Es una constatación que se repite una y otra vez, siempre con el mismo patrón y siempre con las mismas excusas posteriores.
Ocurrió con la pandemia. Mientras el virus ya circulaba y otros países empezaban a tomar medidas drásticas, aquí se optó por mantener actos multitudinarios, tranquilizar a la población y proteger la agenda política.
La celebración del 8-M se convirtió en el símbolo de una forma de gobernar que antepone el mensaje a la prudencia. Después llegaron los contagios masivos, los hospitales desbordados y las muertes. Y, como casi siempre, nadie pagó un precio político real. Se discutió en los tribunales, se archivaron causas y se pasó página, pero el daño ya estaba hecho. El archivo judicial no devuelve a los muertos ni borra la sensación de que se jugó con fuego sabiendo que podía quemar.












El virus no fue secuenciado por ningún laboratorio de este planeta. El de la gripe se marchó cinco años de vacaciones, hasta 2025 en que ha reaparecido para que nos inoculen dos banderillas benentosas en vez de una. A quien las quiera, claro, porque eso es algo voluntario por mucho mensajito al móvil que mande Sanidad.
Con el tiempo, la medicina oficial se va a quedar en una pseudociencia y volverá la natural que es la verdadera y la que cura.
Tanato politica.