Óscar Muerte
Eduardo Parra.- Óscar Muerte debe dimitir. En un mundo ideal debería ser procesado por docenas de homicidios involuntarios, pero de momento no debería permanecer un solo minuto más sosteniendo la cartera de transportes, de la que ya rebosa la sangre. Los ciento quince muertos en la alta velocidad que su nefasta gestión ha provocado en lo que llevamos de 2026 son más que los fallecidos en todos los accidentes en todas las líneas de alta velocidad de todos los países del mundo desde el año 2000 hasta hoy. España ha sufrido más muertos en accidentes ferroviarios en 2026 que cualquier otro país del mundo en los tres últimos años, y más fallecidos en accidentes de alta velocidad que cualquier otro país del mundo en toda su historia. En nueve meses. Trenes y PSOE en la misma frase son siempre sinónimo de tragedia.
Dijo hace unos días el cocinero José Andrés que los ferrocarriles ucranianos funcionan mejor que los españoles, para desmayo de la progresía profesional, en shock por ver que uno de los suyos no respeta los tabúes. No sólo es verdad, como sabe cualquiera que se haya subido a un tren en Leópolis, sino que en los ferrocarriles ucranianos bombardeados por Rusia ha muerto mucha menos gente que en los ferrocarriles españoles gestionados por Óscar Muerte. Si se trata de trenes, el PSOE mata más que una invasión.
No es momento para ser comedidos. La mejor manera de respetar a las víctimas es señalar, con nombres y apellidos, a sus victimarios. Y no son un maquinista fallecido y un trabajador de Adif mal pagado y peor formado, sino Óscar Muerte y Pedro Sánchez. Quienes quieren que no se hable de culpas y responsabilidades son los que aprovecharon la discreción y el luto tras la masacre de Adamuz para marear la perdiz, dormir el asunto y enterrarlo en un cajón. Han pasado nueve meses y las investigaciones están en punto muerto desde hace casi medio año, sobre todo por las zancadillas de esa ADIF llena de enchufados y pelotas colocados exclusivamente por su fidelidad perruna a los órganos del Partido. Si Óscar Muerte hubiera dimitido entonces, hoy serían necesarios setenta funerales menos. Pese a lo que digan los columnistas circunspectos a sueldo del Gobierno, no hay ninguna necesidad de esperar a que mueran otras cien personas antes de empezar a exigir responsabilidades.
De pequeños nos enseñaron que apuntar con el dedito está feo, pero después de dos matanzas ferroviarias en nueve meses yo creo que nos hemos ganado el derecho a señalar. También a un cuarto poder que desde hace casi una década se dedica a hacer de mero correveidile del Gobierno. Quizás si desde Prisa o RTVE se hubieran mostrado mínimamente críticos con la gestión del ministro hacedor de viudas, seguramente hoy estaríamos hablando de otra cosa, pero no fue el caso, y ahora todos los medios públicos y concertados están cargando a la bayoneta contra un trabajador de Adif para descargar al Gobierno de su responsabilidad y al ministro de su criminalidad. El Gobierno filtrando los audios a las doce horas del accidente y los medios de sumisión canina publicándolos sin el menor contexto ni aparato crítico como si fuera una investigación periodística y no una filtración interesada, sólo añaden insulto a la infamia. Son unos cobardes, los unos y los otros.
Y sin embargo, todos sabemos que la probabilidad de que Carnicerito de Pucela se corte la coleta es bajísima. Lo dicta el manual de resistencia del sanchismo: no reconocer ningún error, jamás. Pasó en la pandemia y en el apagón, y actuaron igual cuando se probó que el hermano de Sánchez o el fiscal general del Estado son unos delincuentes. Todo es culpa de otros, mala suerte, o una conspiración judicial y policial. Nunca han hecho nada malo. Ellos son el error humano.
Nos dicen las maripilis de la progresía que si ganan las derechas el próximo 29 de noviembre España retrocederá treinta años. Hace treinta años si el AVE llegaba más de cinco minutos tarde a su destino te devolvían el precio del billete. Gracias al PSOE hoy no nos subimos al tren pensando en si llegaremos puntuales, sino en si vamos a llegar vivos. Sí, hay tiempos pasados que fueron mejores.











