Negligencia criminal: visto para sentencia
Carlos Martínez Gorriarán.- Una vez puede ser un desgraciado accidente, dos veces en diez meses es negligencia criminal. Que pase en plena campaña electoral por el futuro de la democracia en nuestro país deja la campaña vista para sentencia, pues hace evidente que la coalición de ineptitud y corrupción no sólo miente, roba y traiciona, también mata.
Todo apunta a que las tragedias ferroviarias de Adamuz y Urda comparten causas: la falta de mantenimiento adecuado porque no hay presupuestos generales, por pura negligencia de los responsables y por fracaso absoluto de las compañías ferroviarias del Gobierno, que mandan trenes cargados de pasajeros, a velocidad punta, por vías inseguras con sistemas de comunicación y de seguridad obsoletos, sin mantener como es debido. Como hacerles jugar a la ruleta rusa de pago.
Un final de régimen ensangrentado
Conviene recordar que la única razón para soportar el Estado, ese Leviatán que mete mano en nuestro bolsillo y entromete en nuestras vidas, es que garantice la seguridad de los servicios públicos y un orden razonable en las calles y campos. Un Estado que convierte en peligro de muerte tomar un tren que antaño fuera el orgullo nacional es un Estado fallido, sin legitimidad.
Sabíamos que el final del sanchismo iba a ser una cadena de desastres, pero los hechos superan las expectativas más pesimistas. Veamos lo sucedido en estos dos años atroces, sin ánimo de ser exhaustivos (disculpen los olvidos, escribo esto rápidamente):
1 – Regularización masiva de inmigrantes sin papeles (ni cualificación en muchos casos), casi dos millones, para cambiar la base social del país con una multitud dependiente de las subvenciones públicas.
2 – Apagón eléctrico nacional de un día, aún sin explicar oficialmente.
3 – Accidente ferroviario de Adamuz (48 muertes), aún por explicar.
4 – Un total de 233 muertes en la Dana de Valencia, víctimas de obras hidráulicas aprobadas pero pendientes de ejecución, y del abandono del Gobierno.
5 – Intento de contratar a narcotraficantes para asesinar a la juez Biedma por investigar a la familia presidencial.
6 – Intento de engordar el censo electoral con millones de españoles imaginarios a través de la manipulación fraudulenta de la ‘ley de nietos’, con indicios de selección ideológica de los agraciados con la nacionalidad.
7 – Traición en Ceuta pactando una invasión con Marruecos: va para tres meses, y sin resolverse.
8 – Movilización de la extrema izquierda alentada desde el Gobierno con la excusa del coste de la vivienda: la sucia ocupación de Sol y violencia con saqueos desatada en Barcelona y Bilbao (de momento)
9 – Renacimiento tolerado de kale borroka y regreso de la amenaza terrorista: comando de Jardun, herederos de ETA (primero liberado y luego detenido por la Ertzaintza) con armas y datos para atentar contra policías.
Los más altos responsables
¿Hay quien dé más como fin de régimen calamitoso? Por si fuera de la secta quedaran dudas de la calaña moral y política de los más altos responsables, Pedro Sánchez posteaba en la red social X, cuarenta minutos después del atroz choque de trenes de Urda, conociendo ya decenas de muertes, un vídeo con dos jóvenes periodistas sobre fondo rosado, con el mensaje electoral de que hay muchas razones para ser optimistas en España (si Él vuelve a ganar las elecciones). Da igual si postea él o un mandado.
El ministro responsable de la seguridad ferroviaria, Óscar Puente, se dirigía tres horas después a inaugurar, con su imagen y estilo inimitables, un evento internacional sobre infraestructuras mientras, a pocos kilómetros de Madrid, los servicios de rescate sacaban decenas de cuerpos de dos trenes.
Entre tanto, el ministro Marlaska seguía desaparecido, como si la violencia callejera, la destrucción, la inseguridad y los agentes de policía heridos no fueran de su incumbencia. Y la Audiencia Nacional trabaja con la hipótesis de un delito de traición de Estado en el caso de Ceuta, con indicios cada vez más elocuentes: múltiples avisos de seguridad fueron desoídos a conciencia.
El tren Frankenstein
Inevitable recordar que la victoria de Zapatero, el ilustre desconocido bajo cuyo mandato comenzó esta decadencia salvaje, ganó las elecciones inopinadamente gracias al sanguinario atentado ferroviario del 11M de 2004. Atentado islamista apresuradamente investigado y cerrado sobre el que gravitan sospechas e indicios de intervención de los servicios secretos de un país árabe vecino, muy amigo de los socialistas, pero nada de España.
O que, tras la despedida de Zapatero, el 24 de julio de 2013 tuvo lugar otro gravísimo accidente ferroviario en Angrois, cerca de Santiago de Compostela. Gobernaba entonces Rajoy con su acreditada pasividad, pero el tren, un Alvia conocido como Tren Frankenstein porque estaba compuesto de trozos de diferentes criaturas ferroviarias, era obra del ministro socialista José Blanco, apresuradamente inaugurado para vender en las autonómicas gallegas el mensaje electoral de que Galicia tenía por fin su Alta Velocidad, aunque de imitación y sin las medidas de seguridad de esa clase de trenes.
El 18 de enero de 2026 nueva tragedia en Adamuz, esta vez por un raíl defectuosamente reparado por motivos aún por dilucidar, pero que apuntan a la falta de presupuestos de mantenimiento tras cuatro años de Gobierno sin Presupuestos Generales, e ignorando deliberadamente Constitución y Parlamento (con la protección atenta de Pumpido), porque todo vale para mantener en el poder a la corrupta “izquierda progresista”.
Las raíces de las tragedias
Corrupción, trenes e inseguridad, las tres raíces de tres tragedias ferroviarias: Angrois, Adamuz, Urda. Las tres sucedidas en la descomposición de gobiernos de izquierda con aspiración a regímenes autoritarios, o poco después o un poco antes, en el caso de Zapatero.
Es la demostración práctica de un hecho que ni la propaganda abrumadora de la sincronizada, ni las dudas narcisistas de los que gustan del voto en blanco, podrá tapar ni blanquear: la combinación de corrupción sistémica, ineptitud de los gestores y psicopatía de los responsables también acaba costando la vida a muchos inocentes, que a Óscar Puente y la sincronizada adicta les sirven para hacer chistes. Que además sea en esos trenes que en su día se presentaron como imagen del progreso espectacular de España, como el AVE a Sevilla inaugurado por Felipez González, es la demostración definitiva de la enorme brecha abierta entre la propaganda oficial y la tozuda realidad de un país sometido al pillaje, la corrupción, la violencia y la frustración colectiva. Es la negligencia criminal como estilo de gobierno. Está visto para sentencia.










