España se hunde 10 puestos en pobreza de los hogares y es ya 5º de 27 con mayor carencia material y social de la UE
«El crecimiento económico y del empleo en los últimos años apenas han reducido el peso relativo de la población con mayores carencias en España», disparando las dificultades económicas de los más vulnerables y empeorando la situación de los hogares, sobre todo con menores de 16 años a cargo. Así lo señala el servicio de estudios de las cajas de ahorro, en su último estudio sobre privación material y social severa, que constata que la expansión de la economía no se ha traducido en una mejora de las condiciones de vida y en una reducción de la pobreza. La tasa de carencia material y social severa ha pasado del 3,5% con la que cerró el año 2015 al 8,1% de 2025. Un indicador especialmente preocupante en los hogares con niños, cuya tasa se situó por encima de la media: en el 8,5% la de carencia material –frente a una media del 7,6% comunitaria– y del 10,7% de carencia material y social –frente al 8,1% medio–. El segmento plenamente adulto y laboralmente activo de la población –delimitado por las edades de 30 y 64 años– presenta una carencia material severa del 8% y una carencia material y social del 8,8%.
Unas cifras que dejan en mal lugar a los últimos gobiernos, que no han logrado reducir esta tasa de pobreza pese al ciclo económico favorable de los últimos ocho años, lo que provoca «la desvinculación del ciclo económico de la situación de las familias más vulnerables y de un factor tan relevante como la inflación». Por tanto, los analistas de la Dirección de Estudios Sociales de Funcas reclaman la «mejora de las políticas dirigidas a la infancia y a los hogares con hijos –con transferencias por hijo, apoyo a la vivienda, comedor y material escolar, educación infantil asequible y reducción de la pobreza laboral–, así como el avance en protección de los jóvenes y adultos en edad activa mediante un empleo más estable, unos salarios suficientes y una mejora del acceso a la vivienda».
Todo ello requeriría «regulaciones más flexibles y con menos consecuencias no deseables en los mercados de trabajo y vivienda, pero también más ingresos públicos para transferencias monetarias», que podrían proceder de ganancias de productividad, «no fáciles de obtener», y de otras partidas, incluyendo las que benefician a los mayores. «No vale el argumento simplista sobre la oposición de intereses generacionales, ni tampoco la negación de que integrarlos en una estrategia de crecimiento y de mejora de la equidad intergeneracional no es tarea sencilla», señala el artículo.
El análisis comparativo apunta a que la posición relativa de España entre los países de la UE de los 27 ha empeorado sustancialmente, ya que es «uno de los pocos países en los que la carencia material y social severa ha crecido en la última década». Mientras que en países con tasas iniciales altas –en su mayoría de Europa del este– se han rebajado las vulnerabilidades, los aumentos se han observado en aquellos con tasas iniciales bajas –como Alemania, Austria, Francia, Luxemburgo– y, especialmente, los tres nórdicos y, por supuesto, en España.
En nuestro caso, a pesar de no tener una tasa inicial baja, la situación de vulnerabilidad social ha aumentado significativamente. Así, en el año 2015, España ocupaba un lugar intermedio en este ranking, el decimoquinto de los 27 países de la UE, y con una cifra general del 7,4%, inferior a la media europea (9,7%). Sin embargo, mientras la mayoría de países han evolucionado de forma positiva –pese a tener unas tasas más altas que la española–, nuestro país subió en 2025 al quinto lugar entre los Estados con las tasas más altas de carencia, con un 8,1%, superior a la media de la UE del 6,3%, que se ha rebajado 3,4 puntos.
El patrón español de carencias es el habitual en la Unión Europea, aunque con más privación entre los menores que entre los mayores, ya que en la última década ha dejado de destacar por la desventaja relativa de los menores, que se ha aproximado a la media europea, y sigue haciéndolo por una posición comparativamente favorable de sus mayores, cuya tasa de privación continúa entre las más bajas de la UE27 en relación con la del conjunto de la población.
Pero en la media del periodo 2015-2025, los niveles de carencia fueron superiores tanto en su versión material (1,5 puntos más que la media) y, especialmente, en su versión material y social (tres puntos más). El segmento adulto y laboralmente activo de la población ha presetado tasas muy similares a la media en ambos indicadores. Solo en 2025, su tasa de privación material severa fue del 8% y la de privación material y social, del 8,8%.
Según los expertos de Funcas, el tramo de edad que marca el tipo de evolución de ambos indicadores es el de la población de 65 años o más. En el periodo 2015-2025 su carencia material severa se situó, por término medio, 3,3 puntos por debajo de la general gracias al «efecto de las revalorizaciones de las pensiones y del claro crecimiento de las nuevas pensiones de jubilación por encima de la inflación, que fue netamente positivo en la renta de los hogares de los mayores, al menos en comparación con el resto de hogares».
Funcas ha ampliado en su análisis las dimensiones de privación de estos indicadores de pobreza, que incluye las limitaciones económicas para reunirse con familiares o amigos, realizar actividades de ocio, disponer de una pequeña cantidad de dinero para gastos propios o reemplazar ropa y calzado, afrontar gastos imprevistos o retrasos en el pago de la hipoteca. La nueva medida ha recogido, por tanto, un abanico más amplio de dificultades cotidianas, que han disparado la tasa de carencias en 4,7 puntos en 10 años.
La Razón










