Guía para entender los pactos de PP, Vox, PSOE y Frente Amplio en el Senado
El control del Senado ha sido una de las claves de la última legislatura. El PP contaba con mayoría absoluta en la Cámara Alta, una posición que le ha permitido retrasar la tramitación de iniciativas legislativas del Gobierno de Pedro Sánchez y promover comisiones de investigación sobre los casos de corrupciones, entre otros asuntos, que afectan al Ejecutivo.
Las encuestas para las elecciones del próximo 29 de noviembre dibujan un escenario complicado para el PSOE. La mayoría de los sondeos publicados apuntan a una victoria del PP y a la posibilidad de un Gobierno de coalición con Vox, aunque el resultado dependerá de las urnas. En este contexto, el Senado se ha convertido en otro frente decisivo de la batalla electoral.
El primer movimiento para intentar cambiar la mayoría de la Cámara Alta llegó desde la izquierda. El PSOE y el Frente Amplio acordaron concurrir juntos al Senado bajo la denominación Senado de Progreso, con excepciones territoriales. El objetivo es concentrar el voto progresista y evitar que la división entre distintas candidaturas facilite la elección de senadores de la derecha.
El acuerdo ha tenido una respuesta por parte del PP y Vox, que han pactado coordinar sus candidaturas en distintas circunscripciones para maximizar sus opciones de representación.
Hemos elaborado una guía para conocer las principales opciones que encontrarán los electores en las papeletas del Senado y entender cómo afectan estos acuerdos a su voto.
El PP se retira en tres provincias y Vox en otras seis
El PP ha anunciado que no presentará candidatura al Senado en Gipuzkoa, Girona y Tarragona. Vox, por su parte, renuncia a concurrir con candidatura propia en Cádiz, Valencia, Castellón, Las Palmas, Santa Cruz de Tenerife e Illes Balears.
«Un partido ingresa 81 céntimos por cada voto que recibe para el Congreso y 32 por el Senado, mientras un escaño son 21.000 euros. Lo que hay detrás de las candidaturas conjuntas es el dinero público que reciben»
En estas seis últimas circunscripciones, el PP incluirá un candidato independiente propuesto por Vox. Aunque no aparecerá bajo las siglas del partido de Santiago Abascal, su presencia responde al acuerdo alcanzado entre ambas formaciones.
En el caso de Baleares, el senador independiente se presentará en Mallorca y en la caso de las Islas Canaria, en Gran Canaria y Tenerife. En el resto de islas sólo habrá senadores del PP.
Vox reduce sus candidatos en otras catorce provincias
Además de las seis circunscripciones en las que no presentará candidatura propia, Vox concurrirá con un único candidato en Sevilla, Huelva, Asturias, Badajoz, Álava, Navarra, Cáceres, Huesca, Zaragoza, Alicante, Granada, Cuenca, Pontevedra y Jaén.
En estas provincias, el PP mantendrá sus tres candidatos, mientras que Vox presentará uno. De esta manera, los electores que quieran apoyar al bloque de centro-derecha podrán marcar al candidato de Vox y a dos candidatos del PP. También podría, simplemente, apoyar a los tres senadores del PP.
Esta estrategia busca concentrar el voto y aumentar las posibilidades de elección de los candidatos de ambas formaciones. En el Senado, el votante puede marcar nombres individuales y combinar candidatos de distintos partidos dentro del límite permitido en cada circunscripción.
PSOE y Frente Amplio: una papeleta conjunta con excepciones
El PSOE y el Frente Amplio concurrirán juntos bajo la denominación Senado de Progreso en las circunscripciones incluidas en su acuerdo estatal.
La coalición no se aplicará en Cataluña ni en Canarias, salvo en La Gomera. En Baleares existe un acuerdo específico entre el PSOE, Més, Izquierda Unida y Movimiento Sumar.
Por tanto, los electores deberán comprobar qué candidatura concreta corresponde a su circunscripción. En los territorios donde exista una papeleta conjunta, votar a Senado de Progreso permitirá apoyar al bloque de la izquierda; donde no exista, habrá que consultar las opciones registradas para cada territorio.
La clave de estos pactos está en la concentración del voto: tanto la izquierda como la derecha intentan evitar que la división entre candidaturas reduzca sus posibilidades de obtener representación en una Cámara Alta cuyo sistema de elección permite votar directamente a candidatos individuales.










