Otro fracaso deportivo de Florentino: El Madrid se estrella con Mourinho y firmará otra temporada en blanco
BC.- Lo vimos venir. Y no hacía falta ser entrenador, analista táctico ni vivir del fútbol para advertirlo. Bastaba con mirar la trayectoria reciente de José Mourinho y preguntarse si el Real Madrid necesitaba precisamente eso.
Lo dijimos cuando todavía había margen para rectificar. Lo advertimos cuando algunos preferían hablar de ilusión, de carácter y de la supuesta capacidad de Mourinho para devolver al Madrid a su sitio. El problema es que el fútbol no vive de recuerdos ni de discursos. Vive de presente, de juego y de resultados. Y Mourinho ya es un entrenador pasado de rosca.
También dijimos que el Barça sería campeón en febrero. Nos equivocamos. Lo será antes de Navidad. No oficialmente, porque las matemáticas todavía mandarán, pero sí en esa sensación inequívoca que transmiten los equipos cuando uno mira al campo y sabe perfectamente hacia dónde caminan.
¿Alguien ve hoy a este Madrid aspirando a algo importante?
El Madrid no juega a nada. O, al menos, no ofrece un fútbol reconocible que permita pensar que existe un proyecto detrás. Hace años que el equipo vive más de sus individualidades, de sus arreones y de su historia que de una identidad futbolística sostenida. Y Mourinho no ha conseguido cambiar esa dinámica.
Mourinho no llegaba al club merengue como una incógnita. Lo hacía con una trayectoria conocida, con virtudes evidentes y también con un desgaste evidente. Sus últimos proyectos habían dejado demasiadas dudas como para pensar que el Madrid iba a convertirse mágicamente en la excepción.
Y ahora, cuando las cosas no funcionan, aparece el recurso conocido: los árbitros.
Que los árbitros puedan cometer errores es una realidad y que algunas decisiones merezcan discusión también, pero convertir el arbitraje en el argumento central para explicar las carencias del equipo es otra cosa. Cuando el Madrid no encuentra respuestas futbolísticas, la bronca arbitral corre el riesgo de convertirse en una cortina de humo demasiado conveniente.
Mientras tanto, el Barça parece una orquesta coral. Cada instrumento conoce su papel, el conjunto tiene una melodía reconocible y el espectador sabe a qué juega el equipo.
El Madrid, en cambio, parece una banda. Una banda con talento, con nombres importantes y con una camiseta que pesa toneladas, pero una banda al fin y al cabo cuando llega la hora de construir fútbol.
Y es aquí cuando aparece el nombre que inevitablemente debe asumir la responsabilidad máxima: Florentino Pérez. Los entrenadores pueden equivocarse, los jugadores pueden fallar, una temporada puede torcerse, pero cuando un presidente apuesta personalmente por un proyecto, mantiene esa apuesta, y si el proyecto no funciona, la responsabilidad institucional no puede desaparecer detrás del banquillo.
La pregunta ya no es cuánto tiempo necesita Mourinho. La pregunta es cuánto está dispuesto a aguantar Florentino.
El Madrid no puede vivir eternamente de apagar incendios, buscar culpables externos y esperar que una remontada milagrosa resuelva problemas estructurales. Y mientras tanto, em Barcelona, siguen juganddo como los ángeles, con un estilo muy deefinido y unos jugadores adaptados aa ese estilo, dando la sensación de seer un equipo imbatible.
Enrique Riquelme debería estar al acecho. Tres temporadas en blanco son ya palabras de grueso calado para el Real Madrid. Por este camino, la batalla estará en el césped, no en los despachos ni en las ruedas de prensa. Y en el césped la diferencia con el Barcelona nunca fue tan abismal.
Lo advertimos antes de que empezara. Ahora solo falta saber cuánto tardará el Madrid en descubrir que aquello que algunos llamaron apuesta de riesgo era, sencillamente, un fracaso anunciado.











