La cobardía de Tebas deja sola a Ceuta
BC.- Javier Tebas lleva años construyendo un falso personaje público de enorme contundencia. Habla alto, dispara contra clubes, jugadores, periodistas, dirigentes y organismos internacionales. Tiene opinión para casi todo y rara vez desaprovecha un foco o un micrófono. Pero cuando Ceuta atraviesa una de las situaciones sociales más delicadas de los últimos tiempos, surge una pregunta incómoda: ¿dónde está toda aquella contundencia patriótica cuando la necesitan los ceutíes?
La pregunta no nace de la nada. El propio pasado político de Tebas forma parte de su biografía. Fue militante de Fuerza Nueva y llegó a ocupar responsabilidades en sus juventudes en Aragón. Él mismo ha reconocido públicamente aquella etapa y, en una entrevista, afirmó que en buena parte de las cuestiones fundamentales seguía pensando como entonces. Incluso llegó a decir que echaba de menos “un Le Pen a la española”.
Habría que preguntar al farsante por la coherencia de su discurso actual, ya que Tebas ha sido especialmente vehemente cuando se trata de defender la unidad de España, los símbolos nacionales o el respeto al himno. En 2016 hablaba de la necesidad de defender la identidad nacional española y mostraba su preocupación por el respeto a himnos y banderas.
Por eso resulta legítimo preguntarse qué ocurre cuando el problema no es un pito en un estadio, una declaración de un club catalán o una polémica televisiva, sino Ceuta.
La ciudad autónoma vive estos días una situación extraordinariamente delicada. El entrenador del AD Ceuta, José Juan Romero, llegó a hablar entre lágrimas de la falta de solidaridad que percibe hacia la ciudad. El fútbol se ha convertido en uno de los pocos grandes altavoces capaces de llevar la realidad ceutí al resto de España.
Aquí hay que reconocer un hecho: LaLiga autorizó que el Ceuta luciera el mensaje “Ceuta no se vende, Ceuta se defiende” antes del partido contra Las Palmas.
Pero autorizar una camiseta no basta para convertir a nadie en portavoz de una ciudad.
Los ceutíes no necesitan únicamente permisos administrativos. Necesitan que quienes durante años han hecho bandera de la defensa de España sean capaces de explicar públicamente qué está sucediendo en una ciudad española situada en una frontera especialmente sensible.
La imagen resulta paradójica: Tebas ha demostrado una enorme capacidad para enfrentarse públicamente a quienes considera adversarios, pero cuando se reclama una voz firme sobre Ceuta no se le escucha con la misma intensidad.
Es ahí aparece donde aparece la palabra que muchos ciudadanos pueden estar pensando: cobardía.
No necesariamente cobardía física, sino cobardía política, institucional o mediática: la prudencia extrema cuando pronunciarse puede generar problemas y la extraordinaria valentía verbal cuando el enemigo elegido resulta mucho más cómodo.
Es una crítica especialmente pertinente en alguien que ha convertido la contundencia verbal en una de sus principales señas de identidad.
Tebas no es precisamente un dirigente que huya de la polémica. Ha protagonizado enfrentamientos públicos con clubes, dirigentes y organismos deportivos, y sus declaraciones sobre política, identidad nacional, Cataluña o el fútbol internacional han provocado reiteradamente controversia. En 2016, por ejemplo, sus declaraciones sobre Le Pen volvieron a situarle en el centro del debate político.
Por eso la pregunta sobre Ceuta es inevitable: ¿por qué tanta contundencia para unas batallas y tanta cautela para otras?
El contraste resulta todavía más llamativo si se recuerda el caso de La Ratonera. En 2015, Armando Robles fue objeto de una sanción de 60.001 euros por calificar de “cerdos” a los aficionados vascos y catalanes que silbaron el himno nacional español en la final de Copa. El episodio permite formular otra pregunta: ¿por qué quienes se muestran tan contundentes contra determinadas expresiones no utilizan la misma energía para defender a los ciudadanos de Ceuta cuando éstos reclaman atención y solidaridad?
Si Tebas cree en la unidad de España, Ceuta debería ocupar un lugar privilegiado en ese discurso. Si cree que los símbolos nacionales merecen respeto, debería explicar qué significa defender una ciudad española situada en una frontera exterior de la Unión Europea. Si durante años ha denunciado lo que considera ataques contra la identidad nacional, debería ser capaz de hablar también cuando la polémica deja de ser confortable y ser un firme defensor de los ciudadanos de Ceuta. El patriotismo no debería consistir en escoger cuidadosamente cuándo resulta rentable exhibirlo.
En ese sentido, Ceuta necesita que quienes dicen defender España tengan el valor de defender también a los españoles que viven en Ceuta, no patriotas de plató.
Por ese motivo, a Javier Tebas, precisamente por su historial de declaraciones contundentes, hay que exigirle algo muy sencillo: menos testosterona verbal y más valentía cuando de verdad hace falta.











