PSOE, ningún día sin crimen
El comité federal del PSOE, máximo órgano entre congresos, me recuerda las Cortes franquistas, cuando los procuradores se hicieron el harakiri, votando la “ley de reforma política”, que suponía la destrucción del régimen, desde dentro.
Los “socialistos” votaron por el pesebre, es decir, pan para hoy, y hambre para mañana.
Espero que pronto una buena parte de ellos estén en el paro, o enchufados en cualquier empleo público, de esos que son el botín de los efímeros ganadores de las elecciones, pero que se acaban consolidando como una carga más para los sufridos contribuyentes españoles.
Les digo lo mismo que la señora Ayuso, por favor, ¡delincan más despacio!, que no me da tiempo a glosar sus múltiples latrocinios y fechorías.
Hoy por hoy, el PSOE tiene más imputados que diputados.
Y las cifras no sólo no mejorarán con el tiempo, sino que irán aumentando, y, por lo tanto, empeorando sus perspectivas electorales.
Pero nada de eso le importa al Narciso enamorado de sí mismo, al que lo único que le quita el sueño es el temor a su propia imputación.
El miedo al juicio de su esposa, Begoña Gómez, y la preocupación por la sentencia del caso de su hermano, David Sánchez.
Todo lo demás, es decir España, y sus 50 millones de habitantes, se la trae al pairo.
¿Pero quién es Pedro Sánchez?
En mi modesta opinión (y que me perdonen los psiquiatras y psicólogos por este intrusismo profesional), un psicópata peligroso, que ni siente ni padece por los demás, ni tiene la menor empatía social con nadie.
Y que utiliza a las personas mientras le son útiles, como si fueran cubiertos de plástico, de usar y tirar… Si no me creen, pregunten a Ábalos, Cerdán, Koldo, Leire y tantos otros.
No va a tener problema alguno en cargarse al PSOE, con tal de intentar salvarse él.
En realidad el PSOE como tal, ya no existe, pues ahora se ha reconvertido en el partido sanchista, donde solo caben sus aduladores (que serán los primeros en darle la patada en el culo), y seguidores.
Él es el líder que les lleva… a ninguna parte.
Bueno, sí, a la cola del paro.











