Las broncas de Sánchez a Mercedes González
Francisco Marhuenda.- Lo que sabíamos hasta ahora es que la directora de la Guardia Civil es una feliz sanchista que siente una admiración desbordante por Sánchez desde que le conoció. Tengo que reconocer que genera un fenómeno fan en muchas mujeres y hombres que ha sido una de sus fortalezas para llegar a la Secretaría General del PSOE y, finalmente, a la presidencia. Dentro del complejo ecosistema de la federación madrileña, su amigo y más fiel confidente es Rafael García Rico, exdiputado y exsecretario general de las Juventudes Socialistas de Madrid. Fue colocada como técnica en el grupo socialista del Ayuntamiento por la desaparecida concejala Marta Rodríguez Tarduchy. Ha sido una fiel seguidora de Simancas, lo que es muy compatible con su adhesión inquebrantable y lealtad a Sánchez. Lo que no sabíamos es que era amiga de Leire Díez, la jefa de las cloacas del PSOE por delegación de Santos Cerdán.
Estos tarugos son los que iban a salvar al amado líder que ahora dice que «nunca tuve información ni conocimiento ni lo hubiese tolerado». Es evidente que la negación es el eje del argumentario que ha organizado La Moncloa. La directora de la Guardia Civil es una mujer inteligente, preparada y ambiciosa que haría cualquier cosa por Sánchez. Y nada de lo que hiciera, al igual que el cazurro de Cerdán, sería a sus espaldas.
Tras mentir el Gobierno sobre las reuniones de Mercedes con Leire, finalmente ha tenido que reconocer que se produjeron. Eran dos amigas departiendo en una cafetería. No había nada que permitiera imaginar esa conexión que surgió cuando era la poderosa delegada del Gobierno y la otra, una directiva de medio pelo enchufada en Correos. Una vez más piensan que somos idiotas. Lo de mentir en el sanchismo es algo tan habitual que creo que ya se creen sus propias mentiras. Es una patología que podemos constatar en Sánchez.
El otro día, González se desahogaba con un amigo/amiga; prefiero dejarlo en una cierta ambigüedad, por las broncas del presidente que le criticaba por no controlar la Guardia Civil. Me imagino que debía pensar que es como la Fiscalía y que era de su propiedad. Lo de las broncas es algo conocido en su entorno y no debe sorprender, porque cuando se enfada, dicen que da miedo.











