Rocío Pérez no será alcaldesa mientras el PP de Casarrubios siga siendo un partido sin casta y sin alma
Alberto Caneda.- A Rocío Pérez le gusta leer que será la próxima alcaldesa de Casarrubios del Monte. El problema no es la ambición, legítima en política. El problema es la falta absoluta de argumentos para sostener semejante afirmación. Porque la política municipal no consiste en voluntarismo vacío, ni en repetir consignas de partido, ni en esperar que el desgaste del alcalde de turno entregue la Alcaldía por inercia. Y hoy, el PP de Casarrubios carece de alma, de liderazgo y de casta para arrebatarle el poder al actual alcalde sanchista.
No basta con posar como alternativa. Hay que ejercerla. Y Rocío Pérez no lo ha hecho ni una sola vez. En toda la legislatura no ha tenido una idea brillante, ni una intervención memorable, ni una propuesta transformadora capaz de despertar ilusión en un municipio con enormes posibilidades de crecimiento. Todo ha sido nadería. Oposición plana, burocrática y acomplejada. Un PP sin discurso, sin profundidad y sin ambición política.
Mientras otros municipios del entorno piensan en grande, Casarrubios sigue atrapado en un debate mediocre, incapaz siquiera de abordar con valentía cuestiones fundamentales como el cambio demográfico, el crecimiento residencial o el impacto de proyectos estratégicos como Barajas 2. El PP local ni lidera esos debates ni incomoda al gobierno municipal. Se limita a sobrevivir políticamente, sin pulso y sin dirección propia.
Y ahí aparece el verdadero problema de fondo: Fernando Cedenilla. El exconcejal de Ciudadanos, hoy convertido en hombre fuerte en la sombra del PP de Casarrubios, es quien realmente marca la dirección política del partido. Un dirigente amortizado, impopular entre sus propios vecinos, que representa exactamente aquello que el votante de centro derecha rechaza: la política pequeña, personalista y sin proyecto.
Resulta imposible construir una alternativa sólida cuando quien mueve los hilos es alguien que ya fracasó políticamente y que jamás entendió la dimensión estratégica que podría tener Casarrubios en los próximos años. La tutela de Cedenilla sobre Rocío Pérez explica perfectamente el bajo perfil político de la portavoz popular: ausencia de liderazgo, miedo al conflicto político y una incapacidad alarmante para calibrar el potencial económico y territorial del municipio.
De hecho, en la dirección provincial del PP ya son plenamente conscientes de esta realidad. Y por eso empiezan a buscar discretamente otro perfil para asumir el liderazgo del partido en Casarrubios. Un perfil de gestor, de emprendedor, de persona con visión y capacidad ejecutiva. Un modelo más cercano al de Marcos de Quinto que al de la vieja política local de aparato y supervivencia.
El problema del PP de Casarrubios no es solo electoral. Es intelectual. Hace tiempo que dejó de pensar en grande. Y cuando un partido deja de imaginar el futuro de su municipio, termina convirtiéndose en una simple comparsa de la mediocridad.
Por eso, hoy por hoy, hablar de Rocío Pérez como próxima alcaldesa no pasa de ser propaganda vacía. Antes tendría que demostrar que puede liderar algo más que una oposición irrelevante y tutelada. Y, sobre todo, tendría que decidir si quiere ser candidata de verdad o simplemente la portavoz provisional de quienes ya llevaron al centroderecha local al fracaso.












