El Gobierno detritus está finiquitado
Francisco Marhuenda.- A estas alturas, hasta los analistas de medio pelo de la orquesta sanchista saben que la agonía del inquilino de La Moncloa es irreversible. No existe ningún efecto milagro y se equivocan aquellos que le otorgan unas capacidades que ni tiene ni ha tenido. La resistencia no tiene por qué ser un valor positivo o encomiable y menos cuando se le aplica al presidente de un Gobierno detritus que incumple la Constitución. Es divertido escuchar a esas palmeras y palmeros, algunas sin estudios universitarios, presentarse como analistas cuando no saben hacer la o con un canuto. Son unos tiempos de decadencia de la izquierda y la proliferación de arribistas, mercenarios, lobistas y visitadores al amparo de La Moncloa. La proliferación de puteros a cargo del erario, desalmados y palmeros es bastante desoladora, pero en poco más de un año se acaba esta sórdida etapa. Esta semana ha sido demoledora para el sanchismo. Tras la cuarta derrota electoral consecutiva y el patético intento de alegrarse por la subida de Adelante Andalucía, llegó el tsunami de la imputación de Zapatero.
A diferencia de lo que hacen los socialistas y los comunistas, así como la armada mediática del régimen, me gusta recordar la presunción de inocencia. Ellos solo la aplican para los suyos en este mundo de bloques que tanto les gusta y que ha promovido Sánchez en su estrategia de recuperar la política de frentes populares que promovió la Unión Soviética en el periodo de entreguerras. El comunismo, al igual que el nazismo y el fascismo, es una ideología basura y repugnante que se ha dedicado al crimen, la corrupción y el genocidio siempre que ha conseguido gobernar. No hay ningún país comunista en el que no se hayan perpetrado los crímenes más deleznables. Lo previsible es que el procedimiento que afecta al expresidente sea largo. En otras ocasiones he criticado la lentitud de la Justicia que no es culpa de los jueces y los fiscales, sino de la incompetencia de los gobiernos y los legisladores. Una Justicia justa tiene que ser, necesariamente, rápida. Es algo que se puede conseguir protegiendo a los acusados. Al margen del tema jurídico, la realidad es que el resto de la legislatura estará marcada por el demoledor efecto del tsunami.












