Casarrubios: el único turista que se ve es el que se ha perdido
Alberto Caneda.- El Ayuntamiento sanchista de Casarrubios ha conseguido algo que parecía imposible: convertir un pueblo con potencial en una parada fantasma donde el turismo brilla por su ausencia. Y no porque falten ganas de atraer visitantes, sino porque parece que la estrategia municipal consiste en esperar sentado a que alguien aparezca… aunque sea preguntando dónde está Toledo.
Si algún turista pisa Casarrubios, probablemente no sea por una brillante campaña de promoción ni por una oferta cultural rompedora. Lo más seguro es que el GPS le haya jugado una mala pasada o que haya confundido la salida de la autovía. Porque resultados turísticos, lo que se dice resultados, la gestión municipal ofrece exactamente los mismos que una oficina de turismo abierta en Nochebuena: ninguno.
Eso sí, hay que reconocer que el pueblo sí tiene un auténtico reclamo: el restaurante El Rey. El único lugar capaz de atraer gente de fuera por méritos propios, gracias al trabajo, la calidad y el esfuerzo de quienes lo levantan cada día. Pero lejos de apoyarlo, promocionarlo o presumir de él como bandera gastronómica local, el Ayuntamiento parece practicar el noble arte de mirar hacia otro lado.
Resulta curioso que la única referencia positiva y reconocible de Casarrubios no reciba ni un miserable gesto institucional digno de mención. Ni campañas, ni reconocimiento, ni apoyo visible. Debe ser que en el consistorio consideran más rentable vender humo que promocionar lo único que realmente funciona.
Mientras otros municipios se esfuerzan por dinamizar su economía local, atraer visitantes y presumir de sus negocios emblemáticos, en Casarrubios la gran apuesta turística parece consistir en confiar en el azar. Y claro, así pasa: el pueblo no sale en rutas turísticas, no genera conversación y no atrae visitantes… salvo los que frenan a repostar o preguntan cómo volver a la carretera correcta.
Pero tranquilos, seguro que pronto presentarán otro folleto vacío, otra foto institucional y otro discurso triunfalista hablando de “impulso al turismo”. Porque si algo no falta en esta gestión son palabras. Lo que faltan son turistas.











