Florentino Pérez, sin plan y sin rumbo, convierte al Real Madrid en un meme mundial
Bertín Castañón.- La esperpéntica rueda de prensa ayer de Florentino Pérez certificó que el mandatario madridista carece de un plan para revertir la actual deriva deportiva e institucional del Real Madrid. Florentino es hoy la cara misma de la decadencia. El actual Real Madrid vive una decadencia impulsada por un presidente incapaz de asumir responsabilidades y obsesionado con buscar enemigos externos mientras el proyecto deportivo se desmorona delante de millones de personas.
Florentino Pérez lleva años gobernando el club como si su palabra estuviera por encima de cualquier crítica. Pero el problema ya no es únicamente una mala planificación deportiva. El problema es que el presidente ha optado por la política del fango: señalar árbitros, medios, organismos y conspiraciones varias para evitar mirar hacia el palco. Admitir la verdad implicaría reconocer algo que cada vez parece más evidente: el principal responsable de la crisis del Real Madrid es él mismo.
Mientras otros grandes clubes europeos evolucionan, modernizan estructuras y construyen proyectos deportivos coherentes, el Madrid transmite una sensación alarmante de improvisación, agotamiento y desconexión con la realidad. La plantilla parece construida a golpe de impulsos y marketing, sin una dirección futbolística clara. Las decisiones deportivas llegan tarde, mal o directamente no llegan. Y cuando el equipo fracasa, en lugar de autocrítica aparece el ruido, el victimismo y la confrontación.
Lo más doloroso para el madridismo no es únicamente perder. El Real Madrid ha perdido muchas veces y siempre volvió. Lo verdaderamente humillante es ver cómo el club se ha convertido en carne de meme a nivel mundial. Un gigante histórico reducido a tendencia viral por sus excusas, sus guerras institucionales, sus líos en el vestuario y su incapacidad para competir con seriedad. El escudo más laureado del fútbol europeo convertido en objeto de burla constante por culpa de una dirección que parece vivir anclada en otra época.
Hay que empezar a aceptar la dura realidad: el tiempo también pasa para los dirigentes. Y da la sensación de que la avanzada edad de Florentino empieza a pasarle factura. Sus reflejos políticos ya no son los de antes. Su lectura del fútbol moderno parece desactualizada y su modelo presidencialista, basado en el control absoluto y la ausencia de debate interno, empieza a mostrar síntomas evidentes de agotamiento.
Durante años, los éxitos deportivos taparon muchos errores estructurales. Pero cuando desaparecen las victorias, queda al descubierto la realidad: un presidente sin ideas nuevas, sin proyecto deportivo reconocible y sin capacidad para liderar la renovación que necesita el club. Florentino ya no transmite ambición; transmite desgaste.
Lo peor de todo es que, lejos de dar un paso al lado o asumir responsabilidades, insiste en alimentar una narrativa de enemigos externos para proteger su figura. Una estrategia que quizá funcionó en otros tiempos, pero que hoy solo agrava la desconexión entre el club y buena parte del mundo del fútbol.
El Real Madrid necesita mucho más que fichajes. Necesita recuperar una dirección deportiva seria, una identidad moderna y un liderazgo con energía, visión y autocrítica. Cuando un presidente empieza a creer que el problema siempre son los demás, normalmente es porque ya se ha convertido él mismo en el problema.











