El PP de Casarrubios necesita una reestructuración urgente de cara a las elecciones municipales de 2027
AD.- La situación del Partido Popular en Casarrubios exige, sobre todo, decisiones valientes. No se trata solo de ajustar detalles o corregir errores puntuales, sino de afrontar una reestructuración real que permita al partido recuperar credibilidad, coherencia y capacidad de liderazgo en el municipio de cara a las elecciones municipales de 2027.
En este contexto, resulta evidente que la actual dirección local atraviesa un desgaste significativo. La figura del todavía presidente local arrastra una creciente impopularidad entre los vecinos. Pocos entienden que el partido siga estando en sus manos. Cuando un liderazgo deja de conectar con la calle, cuando genera más dudas que confianza, lo responsable no es resistirse al cambio, sino facilitarlo.
Frente a este escenario, la portavoz municipal, Rocío Pérez, aún con mucho margen de mejora, emerge como una alternativa lógica y necesaria. Su papel en el Ayuntamiento le ha permitido conocer de primera mano las preocupaciones de los ciudadanos y el funcionamiento real de la política local. Pero para que ese conocimiento se traduzca en una estrategia eficaz, necesita autonomía. Y esa autonomía solo puede lograrla asumiendo la Presidencia del partido liderado por Feijóo en Casarrubios.
En ese sentido, no tiene sentido mantener una estructura en la que la dirección orgánica y la acción institucional caminen por vías distintas. Si Rocío Pérez es quien representa al partido ante los vecinos y el objetivo de los dardos envenenados del PSOE, debe ser también quien marque el rumbo, diseñe la estrategia y configure su equipo de confianza. Lo contrario es perpetuar una dualidad que debilita al PP y confunde a su electorado.
Además, hay decisiones recientes que no pueden quedar sin explicación ni responsabilidades. La inclusión como número dos en la lista municipal de una persona con pasado podemita ha generado desconcierto entre afiliados y votantes. No se trata de cuestionar trayectorias personales, sino de exigir coherencia política. ¿Qué criterios se siguieron para tomar esa decisión? ¿Quién la avaló? ¿Qué mensaje se pretendía trasladar al electorado tradicional del Partido Popular poniendo como número dos nada menos que a un oscuro ex comunista?
Estas preguntas no son menores. Apuntan directamente a una forma de gestionar el partido que ha demostrado ser errática y desconectada de la base. La actual dirección debe asumir su responsabilidad en estas decisiones, porque ignorarlas solo agravará la desafección interna y externa.
El PP de Casarrubios no puede permitirse llegar a 2027 en esta situación. Necesita un proyecto claro, reconocible y cohesionado. Y para ello, es imprescindible abrir una nueva etapa. Una etapa en la que Rocío Pérez asuma la presidencia, no como un relevo simbólico, sino como el inicio de una reorganización profunda que devuelva al partido su identidad y su capacidad de competir en las urnas. De hecho, algo han tenido que hacer mal, muy mal, los cuadros locales, cuando el PP pasa de ganar con holgura en comicios autonómicos y nacionales en Casarrubios, a perder luego estrepitosamente en las elecciones municipales.
El tiempo de las medias tintas ha pasado. Ahora toca decidir si se apuesta por la continuidad de un modelo agotado o por un liderazgo renovado con capacidad real de soltar lastre y construir futuro. Casarrubios necesita un Partido Popular fuerte. Y ese fortalecimiento pasa, inevitablemente, por el cambio. Y ese cambio pasa por Rocío Pérez.












