Ortega Smith cuenta los secretos de Vox: “Abascal ha convertido el partido en un negocio personal y se ha vendido a intereses económicos; los suyos y los de otros”
LNE.- Javier Ortega Smith (Madrid, 1968) es uno de los fundadores de Vox y figura clave en el desarrolló del partido presidido por Santiago Abascal, del que fue secretario general. Ortega Smith sigue siendo portavoz de Vox en el ayuntamiento de Madrid (el partido no lo reconoce) y diputado en el Congreso, pero está abiertamente enfrentado a la cúpula. Junto con otros exdirigentes, como Iván Espinosa de los Monteros, reclama un congreso extraordinario. Ortega Smith, con raíces asturianas y segunda residencia en la región, pasó en Asturias unos días por Semana Santa y concedió una entrevista a La Nueva España..
-¿Qué está pasando en Vox?
-Lo que está pasando es que algunos fundadores hemos descubierto que el partido ha sido utilizado por cuatro personas que lo han convertido en su negocio personal. Mientras miles de afiliados, simpatizantes y votantes actúan por ideales, patriotismo y de forma desinteresada, hay una cúpula muy reducida que se está lucrando con un entramado de empresas, familiares y personas cercanas. Eso ha generado una enorme decepción y, además, una persecución interna contra quienes lo hemos denunciado. Han montado un negocio personal.
-¿Por qué denuncian esto ahora?
-Para que quede muy claro: hay dos explicaciones. Una, por desconocimiento. Hay asuntos sobre los que podía tener sospechas, pero no la constatación real de lo que estaba pasando. Eso lo he sabido con el tiempo. A mí me cesan como secretario general en 2022, cuando ya llevaba más de un año con tensiones brutales porque en el comité de gestión aparecían facturas que nadie explicaba, sueldos que no se entendían, contratos caros… Yo no me callé y, precisamente porque no quise firmar algunas cosas, se produjo mi cese. Dos: ¿alguien puede explicar de manera racional por qué me cesan a mí y a todo mi equipo? Porque éramos testigos incómodos para quienes estaban asaltando el partido para quedarse con el control del dinero y dirigirlo a su interés personal.
-¿En qué consiste el asalto que denuncian?
-Es algo complejo y vamos teniendo información poco a poco. Hay contrataciones a personas determinadas mediante una vía indirecta, a través de sociedades interpuestas; hay dinero que llega y se convierte en un sueldo para la mujer del presidente del partido (Santiago Abascal). También se desvían cantidades ingentes de dinero hacia una fundación, Disenso, que se nos dijo que tendría una mínima inyección inicial, de 500.000 euros. La realidad ahora es que esa fundación necesita dinero que procede del partido y ese dinero proviene de los fondos públicos, del bolsillo de los ciudadanos.
-¿Hay corrupción en Vox?
-Como mínimo hay comportamientos incoherentes e inmorales, porque no era lo que dijimos que íbamos a hacer en política. Todo esto habrá que analizarlo y, en su caso, serán los órganos judiciales los que lo determinen; pero al menos genera una duda razonable de que hay cosas que quizá no son muy legales. Inmorales, seguro.
-¿Por ejemplo?
-Un asesor del presidente cobra la friolera de 27.000 euros mensuales. Son 1.000 euros al día. Nosotros decíamos que veníamos a defender a los mileuristas.
-¿Usted ha visto a alguien meter la mano en la caja?
-Una manera de meter la mano es coger ingentes recursos, de millones de euros, y transferirlos hacia una fundación para hacer todo tipo de contrataciones. Es preocupante, pero si es corrupción lo dirá un juez. Por eso pedimos un congreso. ¿Dónde va el dinero? ¿Quién contrata y en base a qué? Decíamos que había que contratar en base a la excelencia y no en criterios de “el hermano de”, “la mujer de” o “el sobrino de”. Todo este tipo de cuestiones son la vieja política, las corruptelas de toda la vida y las ponzoñas que hemos venido a denunciar. Vox no nació para ser un partido más.
-¿Hay una parte de ruptura personal?
-Sí, no cabe duda, pero esto no es una revancha personal, aunque claro que afecta en lo personal. Santiago (Abascal) era mi amigo, fue testigo en mi boda y soy padrino de una de sus hijas. Fui su abogado, le llevé el divorcio e intenté evitar que se quedase sin ninguna propiedad cuando le embargaron su casa. Lo hacía por un amigo, a mí no me pagaba nadie. Claro que hay un daño personal cuando descubres que la persona en la que depositaste tu confianza te ha traicionado de esa manera tan terrible y se ha vendido a intereses económicos y patrimoniales, primero los suyos y luego los de otros que le rodean.
-¿Hay cómplices?
-Muchos están mirando para otro lado, pero hay gente que no. Doy dos nombres: mi buen amigo José Antonio Antelo, que fue vicepresidente de Murcia, y José Francisco Garre Garre, portavoz en el Ayuntamiento de Torre Pacheco. Luego hay otros que se dedican a cumplir a rajatabla lo que les ordenan, sin cuestionarse si es moral, inmoral, legal o ilegal. Esa es la tristeza.
-¿José María Figaredo (asturiano, secretario general del grupo parlamentario de Vox en el Congreso) es uno de los cuatro que dice que manda en Vox?
-No, no manda nada. Yo se lo he dicho más de una vez a la cara. A José María Figaredo lo conocí cuando vino a la primera sede que teníamos en Diego de León. Me llamó varias veces insistiendo en que quería participar y le puse a redactar los primeros reglamentos internos. Es un chaval con el que me he llevado siempre muy bien y es muy buen abogado, pero evidentemente es un peón de todo esto.
-¿Preferiría tomarse un café con Pedro Sánchez o con Santiago Abascal?
-Con ninguno de los dos, porque iba a discutir seguro. Sánchez es un delincuente y un criminal y con Santiago tendría pocas cosas de las que hablar.











