María Jesús Montero se convierte en meme: la peor candidata posible para Andalucía (Video comentario de Joaquín Abad)
María Jesús Montero, convertida en meme, abandonó el Gobierno de Pedro Sánchez tras una etapa como vicepresidenta primera y ministra de Hacienda marcada por una presión fiscal asfixiante. Deja el cargo para presentarse como candidata del PSOE a la Presidencia de la Junta de Andalucía en las elecciones del 17 de mayo. Y lo hace con un currículum que, lejos de ser un aval, es un lastre pesado para cualquier andaluz con memoria.
El desembarco de María Jesús Montero en Andalucía no puede analizarse como una simple operación política más. Es, en realidad, el retrato de una contradicción flagrante: quien aspira a liderar una comunidad autónoma no ha sido capaz de garantizar algo tan básico como la aprobación de unos Presupuestos Generales del Estado.
No hablamos de un detalle menor. Gobernar sin presupuestos no es gobernar: es resistir, improvisar y, en última instancia, bloquear la capacidad de acción institucional. Eso es exactamente lo que ha ocurrido bajo la responsabilidad de Montero en el Ejecutivo central. España encadena prórrogas presupuestarias mientras se acumulan anuncios, promesas y titulares vacíos. Mucho ruido, pero una alarmante ausencia de gestión efectiva.
Resulta difícil no ver en este movimiento hacia Andalucía un intento de escapar hacia adelante. Cuando la gestión se complica en Madrid, la tentación de cambiar de escenario puede parecer atractiva. Pero la política no debería funcionar como una puerta giratoria de responsabilidades. Si no se ha sido capaz de cumplir con una tarea esencial en el Gobierno central, ¿con qué credibilidad se pide ahora la confianza de los andaluces?
La paradoja es aún mayor si se tiene en cuenta que Montero conoce perfectamente la importancia de las cuentas públicas. Su trayectoria está profundamente ligada a la gestión presupuestaria. Precisamente por eso, el fracaso es más elocuente. No es ignorancia. Se trata de incapacidad o falta de voluntad política suficiente para construir los consensos necesarios.
Andalucía no necesita experimentos ni reciclajes políticos. Necesita certezas, estabilidad y una hoja de ruta clara. El electorado andaluz merece algo más que una operación de imagen diseñada desde los despachos de Madrid. Merece liderazgo real, no movimientos tácticos.
El problema de fondo no es solo una persona, sino una forma de hacer política consistente en priorizar la estrategia sobre la gestión, el cálculo sobre los resultados. Pero en este caso, el símbolo es evidente. El aterrizaje de María Jesús Montero en Andalucía llega lastrado por un balance que pesa, y mucho.
Porque antes de pedir confianza, lo mínimo exigible es haber demostrado capacidad. Y hoy por hoy, esa demostración brilla por su ausencia.











