Málaga no merece insultos, sino soluciones
Patricia Navarro Pérez.- Málaga no necesita que la sermoneen, necesita que la conecten. En estos días, los malagueños hemos conocido dos noticias que retratan el problema que sufrimos. La primera, que la recuperación de la conexión directa de alta velocidad con Madrid (y con el resto de Andalucía y España) no llegará, como pronto, antes de finales de abril. Eso deja sin AVE a la Costa del Sol en plena Semana Santa, el arranque de la temporada alta turística. Es un golpe terrible a nuestra economía si lo acumulamos a los más de dos meses que llevamos sufriendo esa desconexión.
La segunda, que, ante las quejas, la preocupación y las propuestas planteadas desde Málaga por sus instituciones, empresarios, partidos políticos y sociedad civil, la respuesta del ministro de Transportes, Óscar Puente, ha sido insultarnos y tacharlas de «infantiles» o de «pataleta».
Ese es, exactamente, el problema: cuando una provincia reclama soluciones, el Gobierno responde con desdén. Cuando decenas de miles de ciudadanos padecen una desconexión ferroviaria que altera su vida cotidiana, su trabajo, sus negocios y sus desplazamientos, el ministro no ofrece empatía, sino reproches. Y cuando una tierra entera se siente perjudicada, no recibe respeto institucional, sino grosería y desprecio. Málaga no merece ese trato.
Llevamos desde el doloroso accidente de Adamuz, ocurrido el 18 de enero, sin conexión ferroviaria por AVE. Porque a la reparación del tramo del siniestro en Córdoba, donde perdieron la vida 47 pasajeros, se sumó el 4 de febrero el desprendimiento de un talud en el paso por Álora de la línea del AVE. Además de los problemas por inundación que ha mantenido cerrado uno de los túneles del Valle de Abdalajís.
Nadie discute la complejidad técnica de la reparación de ese derrumbamiento. Ojalá el ministerio se hubiera dado cuenta de la misma en vez de perder los primeros 23 días. Porque fueron tres semanas las que tardó el Gobierno en aplicar los medios y turnos necesarios.
Pero reconocer la dificultad técnica no obliga a aceptar el conformismo político. Comprender la magnitud de la obra no significa renunciar a exigir alternativas mejores para los viajeros mientras duran los trabajos.
Porque la realidad es muy simple: Málaga sigue penalizada. El plan alternativo del Gobierno mantiene a los pasajeros con transbordos en autobús en Antequera-Santa Ana y alarga los viajes hasta alrededor de cinco horas. Es decir, se nos pide paciencia mientras se deteriora una de las principales líneas AVE del país, justo en un momento decisivo para nuestra economía.
Por eso desde Málaga hemos hecho lo que corresponde: proponer. Hemos planteado varias alternativas para hacer más llevadero el trayecto. El domingo pasado planteamos utilizar trenes de ancho variable, como de los que dispone Renfe, utilizando la línea AVE desde Antequera hasta Madrid y la línea convencional desde Málaga a Antequera que discurre por el Valle del Guadalhorce. De esta manera no habría que hacer transbordo de ningún tipo.
Una propuesta del PP analizada con maquinistas e ingenieros que generó el desdén del Gobierno, la negativa del presidente de ADIF y el desprecio y los insultos de Óscar Puente. Aunque el viernes Renfe se abrió a estudiarla. Ojalá impere el sentido común y se implante esta medida, aunque debe acometerse con ambición y no como un parche de cara a la galería.
Días después, propusimos otra opción, que puede ser complementaria, que consiste en emplear unidades de Cercanías, en doble composición, por el mismo recorrido convencional, haciendo transbordo al AVE en Antequera. Lo cual evitaría el lentísimo desplazamiento en autobús.
Cero respuestas del ministro, que no entiende que gobernar no consiste en atizar al rival. Consiste también en escuchar, valorar opciones y atender a los afectados con algo más que vídeos y posts en redes sociales. Cuando Óscar Puente ridiculiza las reclamaciones de Málaga, está retratando su forma de entender la política: la de quien confunde la crítica legítima con una molestia partidista y la de quien cree que una provincia debe callar y debe esperar.
Pues no. Málaga no va a callar.
No va a callar porque esta provincia no es secundaria. Málaga es uno de los grandes motores económicos de España. Lo es por su dinamismo empresarial, por su fortaleza turística, por su capacidad tecnológica, por su papel logístico y por su proyección internacional. Cada día, miles de personas necesitan una movilidad fiable para trabajar, invertir, estudiar o visitar nuestra tierra. Y cada día que pasa sin una respuesta suficiente, el perjuicio es real. Lo están advirtiendo todos los sectores económicos de Málaga, no sólo el turístico, porque el impacto negativo del aislamiento ferroviario está costando miles de empleos y cientos de millones de euros a la provincia y a Andalucía.
Por eso vamos a seguir proponiendo, planteando alternativas, como el puente aéreo, y pidiendo medidas compensatorias para las cuantiosas pérdidas económicas sufridas en la provincia.
Hablamos de competitividad, de empleo, de imagen, de confianza. No de un capricho. No de una pataleta. No de una actitud infantil. Lo infantil, en todo caso, sería creer que una provincia como Málaga puede ser desconectada durante meses sin consecuencias.
Lo irresponsable sería conformarse.
Málaga no pide privilegios. Pide respeto. Pide que se la trate igual que al resto de territorios. Málaga pide información transparente y que se actúe con voluntad para aliviar el problema.
Aún están a tiempo de rectificar, de sustituir el insulto por el diálogo y la soberbia por la gestión. Pero para eso hace falta entender algo muy básico: los malagueños no somos niños pequeños. Somos ciudadanos que pagan sus impuestos, sostienen una parte fundamental de la economía española y merecen algo mejor que el castigo de un Gobierno sectario e ineficaz y las groserías de un ministro desalmado.
Málaga no merece insultos. Málaga merece soluciones.
*Patricia Navarro Pérez es presidenta del Partido Popular de Málaga












