Cuando Irán reprime, Podemos calla: sus vínculos políticos, mediáticos e ideológicos con el régimen represivo de los ayatolás
Desde su irrupción en la política española, Podemos se ha presentado como una fuerza transformadora, defensora de los derechos humanos, el feminismo y la democracia participativa. Sin embargo, esa imagen entra en contradicción cuando se analizan sus vínculos políticos, mediáticos e ideológicos con uno de los regímenes más represivos del mundo contemporáneo: la República Islámica de Irán.
No se trata de una acusación vaga ni de una teoría conspirativa. Varios de los fundadores y dirigentes históricos de Podemos participaron en proyectos financiados directa o indirectamente por el Estado iraní, especialmente a través de HispanTV, un canal de propaganda internacional del régimen de Teherán. Dicho régimen no es una democracia imperfecta, sino una teocracia autoritaria donde el poder último reside en líderes religiosos no elegidos, se persigue a la disidencia, se reprime brutalmente a las mujeres y se criminaliza la homosexualidad.
La paradoja es evidente: ¿cómo puede un partido que se define como feminista y defensor de las libertades colaborar —aunque sea en el pasado— con un régimen que obliga a las mujeres a llevar velo, encarcela a activistas por los derechos civiles y ejecuta a opositores políticos? La respuesta habitual desde Podemos ha sido minimizar estos vínculos, presentándolos como simples colaboraciones profesionales o ejercicios de “pluralismo informativo”. Pero esa explicación resulta insuficiente.
El problema no es solo económico o laboral, sino político y moral. HispanTV no es un medio independiente; es una herramienta del Estado iraní para blanquear su imagen internacional y difundir su visión del mundo, profundamente contraria a los valores democráticos que Podemos dice defender. Participar en ese engranaje implica, como mínimo, una grave falta de coherencia.
Además, la indulgencia de algunos dirigentes de Podemos hacia regímenes autoritarios “antioccidentales” revela una visión geopolítica preocupante: una tendencia a justificar o relativizar violaciones de derechos humanos cuando estas provienen de gobiernos enfrentados a Estados Unidos o a la Unión Europea. En ese marco ideológico, Irán no aparece como una dictadura teocrática, sino como un actor “resistente” frente al imperialismo, lo que conduce a un peligroso doble rasero moral.
Criticar estos vínculos no es un ataque a la libertad de expresión ni una campaña de desprestigio gratuita. Es una exigencia legítima de coherencia democrática. Un partido que aspira a gobernar y a representar valores progresistas debe rendir cuentas no solo de lo que promete, sino también de con quién se ha asociado y a quién ha ayudado a dar voz.
En política, las alianzas importan. Y cuando esas alianzas rozan —o cruzan— la frontera de la complicidad con una teocracia represiva, la crítica no solo es necesaria: es un deber democrático.












