Teoría simple de la gilipollez de la izquierda española
Fraguas.- Es de sobra manifiesto la incapacidad cultural y dialéctica de nuestra sociedad política. Si un político brilla por su dilatada cultura, elocuencia viva y elevada es que usted vive en otro país. Esta teoría propone al lector recurrir a archivos radiofónicos de principios del siglo XX. Por suerte la tecnología ya estaba lo suficientemente adelantada para poder eternizar a unas voces que, a todas luces, vestían a los emisores de intelectualidad, grandeza y sabiduría. Tienen nombre propio, son las voces de la Pasionaria, Gil Robles o el mismo Jose Antonio, políticos que le pueden gustar, más o menos, al ávido estudioso de esta teoría; pero que denotan la indigencia cultural de la desgastada sociedad política actual.
PRIMERA PARTE
Una vez que el absorbente y estudioso lector de esta teoría se ha posicionado en referentes mencionados y ha adquirido la capacidad comparativa entrambos siglos, el autor expone que:
La izquierda española recurre a un comportamiento repetitivo, simple y previsible que responde a la doctrina creada por el ilustre aristócrata y consejero del Rey Felipe III de la casa Austria, D. Baltasar Gil, poseedor del nombre de una calle en Madrid por méritos propios y sobrados.
En esta doctrina tan meticulosamente dogmatizada por la izquierda, el autor de esta teoría político-científica expondrá, en la segunda parte de esta exposición, sobre la actitud a continuación referida que acontece en el paradigma político actual; y así enumera la siguiente casuística:
Si cualquier persona se posiciona contrario al discurso político de la izquierda actual será tildado de fascista.
Si cualquier colectivo se posiciona a contracorriente de la izquierda será sobrenombrado fascista o ultraderechista.
Si se procede al hábito constitucional de la protesta por parte de los sectores en defensa de sus derechos, estos serán apellidados fascistas o ultraderecha.
Si se exhibe el discurso, antes considerado normal, sobre la defensa de la unidad de la patria; este se convertirá en arenga fascista, ultraderechista o acólito de la doctrina atribuída a Don Paco, el del Ferrol.
Si la mortadela no cumple con los estándares europeos relativos a la quitina necesaria por injerencia protéica y se ha adquirido de Popeye o mortadela de Mickey, es fascista, negacionista, del Ferrol o sicario del heteropatriarcado ultraderechista.
La ingente literatura, biblioteca sonora, visual y popular ofrece demasiados antecedentes culturales recurribles hacia la verificación de esta postura que se revela en simple, reiterada y altamente previsible. Esta teoría, altamente valorada y conocida ya internacionalmente, surge del estudio minucioso de la doctrina del ilustre Don Baltasar Gil, la que este afamado, culto, honrado, fuerte y guapo autor expone en esta segunda parte.
SEGUNDA PARTE
Doctrina de Don Baltasar Gil Imón de la Mota, ilustre consejero de Su Majestad el Rey Don Felipe III de España.
En aquel tiempo vivía en Madrid, capital del imperio, este ilustre señor, azaroso y meticuloso político de la época de los Austria que seguía con devoción unas pautas vitales propias de un reloj suizo.
Así cada tarde, imperturbable, el señor Gil, lloviera, nevara o viniera la mayor de las canículas, paseaba orgulloso del brazo de sus hijas Fabiana, Feliciana e Isabel.
Es notorio puntualizar que en aquel tiempo a los hijos se les denominaba pollos y las expresiones al respecto se oían como “¿Cuántos pollos tiene usted?” “He oído que la señora le alumbró un nuevo pollo”. “Tengo dos pollos y una polla”- Se refería a dos hijos y una hija por malsonante que parezca en tiempos modernos.
Terminada esta aclaración, el señor Gil, si estaba triste paseaba con sus hijas cada tarde. Si se encontraba alegre, paseaba con sus hijas cada tarde. Si la política le fue buena, paseaba a sus pollas cada tarde. Si la política le fue mala, paseaba con sus pollas cada tarde.
La fama alcanzó al señor Gil por su actitud simple, reiterada y altamente previsible. Hasta el punto que todo Madrid repetiría la coletilla de: “¡Mirad! Ahí viene el señor Gil y sus pollas”.
A lo que la malvada etimología española convertiría en: ¡Ahí viene Gil y pollas!
Explicación y síntesis de la teoría político-científica de Fraguas, llamada así en
honor a su creador.
Este fabuloso autor concreta y concluye que: “Cualquier político que se afiance en un discurso simple, reiterado y altamente
previsible se convierte en acólito magno de la doctrina del histórico e ilustre
gilipollas”.












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