Investidura PP-Vox: ¿y ahora qué?
El Partido Popular y Vox ya tienen su primer gobierno de coalición.
Es la primera vez que el grupo de Santiago Abascal logra “tocar moqueta” y lo hace con tres consejerías y una vicepresidencia en la comunidad autónoma más grande de España: Castilla y León.
Pero el precio a pagar por obtener dichos asientos ha sido demasiado grande: han renunciado a derogar la ley de Violencia de Género, la ley de Memoria Histórica, al Pin Parental, a implantar un protocolo del latido fetal para luchar contra el aborto…
En definitiva, Vox ha logrado entrar en el gobierno de Castilla y León gracias a un acuerdo en el que no se concreta nada, que es muy ambiguo, sin compromisos claros ni fechas límite.
Un acuerdo y que permite a ambas partes fingir que han peleado por las ideas cuando solo se ha hablado de sillones.
Cada día que pasa, Vox se acerca un poquito más al PP.
Y lo ha hecho firmando un pacto en el momento de mayor debilidad del PP, cuando Casado aún era presidente pero estaba muerto políticamente y con Feijóo sin haber aterrizado todavía como nuevo líder.
Era la ocasión perfecta para presionar y lograr concesiones por parte de Mañueco, el líder del PP en la región, quien hubiese renunciado a lo que fuese con tal de evitar la repetición electoral.
Nuestra labor es defender unos valores y no conformarnos con migajas. Por eso debemos criticar y criticamos este acuerdo.
Exigimos más.
España necesita más.
Ahora, con este vago acuerdo en la mano, Vox va a tener más difícil que nunca lograr victorias reales en favor de la vida, la familia y la libertad.
Recuerda que Feijóo ha tomado posesión del cargo en Génova y ya está marcando distancia con Vox.
Es más, desde el PP ya han declarado que no van a dar ni un paso atrás en materia de feminismo, de lucha contra la violencia de género, de defensa del colectivo LGTBI…
¿Cómo logrará Vox que no se apruebe la futura ley LGTBI si su socio de gobierno, junto con el resto de la cámara que apoya esta ley, votan a favor?
Dicho de otro modo: ¿hasta dónde están dispuestos a llegar para evitar el adoctrinamiento de género?
Esa es la pregunta clave y la que más me preocupa.
Porque Vox tiene la fuerza suficiente para tumbar los presupuestos de Castilla y León como respuesta a un incumplimientos de los pactos de investidura.
Ahí puede forzar a Mañueco a elegir: o cumple con lo pactado o no se aprueban los presupuestos.
Su legitimidad para presionar al PP se basará en ese pacto que ambas formaciones han acordado.
Y me temo que la vida, la familia y la libertad de educación en los colegios serán los grandes ausentes en esta legislatura.
Castilla y León puede ser una punta de lanza contra el progresismo y en favor de nuestros valores.
Pero tenemos que lograr que Vox deje de pensar en sillones (ya sabemos cómo acabó Ciudadanos) y vuelva a recuperar su férrea defensa de la vida, la familia y la libertad.











