Julián Álvarez, la ingratitud y el juego sucio made in Argentina: el Atleti no es un trampolín para el Barça
BC.- En el fútbol pueden discutirse la ambición, los sueños, el deseo de cambiar de club. Lo que no debería discutirse es el respeto. En el caso de Julián Álvarez, ese respeto hacia el Atlético de Madrid empieza a brillar por su ausencia.
El argentino tiene todo el derecho del mundo a querer jugar en el Barcelona. Faltaría más. Puede tener sueños, preferencias y aspiraciones. Pero también tiene un contrato firmado con el Atlético hasta 2030. Y ese contrato no es papel mojado. El club rojiblanco pagó 75 millones de euros al Manchester City para convertirlo en una de las grandes estrellas de su proyecto y le ha dado un papel protagonista desde el primer día.
Ahora, cuando el Barça llama a su puerta, parece que todo aquello vale menos que un supuesto sueño.
Julián Álvarez ya ha hecho público que considera que “lo mejor para todos es una transferencia” y que quiere cumplir su sueño. Perfecto. Pero los sueños se persiguen con elegancia, no poniendo contra las cuerdas a quien apostó por ti y quien te estuvo apoyando durante tus tres meses de sequía goleadora. Una cosa es pedir salir y otra muy distinta generar un escenario en el que el Atlético parezca el malo de la película por defender lo que es suyo.
También hay otro protagonista que tampoco puede esconderse detrás de las bambalinas: el Barcelona.
El club azulgrana quiere al argentino. Es legítimo. Lo que no parece tan legítimo es la forma. El Atlético denunció ante la RFEF y la FIFA los presuntos contactos del Barcelona con un jugador que todavía tenía contrato y, posteriormente, la RFEF abrió un procedimiento disciplinario extraordinario para investigar esos contactos. El propio Atlético llegó a denunciar una “campaña de acoso y derribo” alrededor del futbolista.
Si el Barcelona quiere a Julián Álvarez, que pague. No hay más.
El Atlético se ha remitido reiteradamente a una cláusula de rescisión de 500 millones de euros y ha dejado claro que el delantero no está en venta. Incluso una oferta de 150 millones del Real Madrid fue rechazada y el club se remitió a la cláusula.
Entonces cabe hacerse una pregunta muy sencilla: ¿qué haría el Barcelona si uno de sus mejores jugadores quisiera marcharse al Atlético y el club rojiblanco intentara convencerlo de que se fuera?
¿Facilitaría Joan Laporta la salida de Lamine Yamal? ¿Le abriría las puertas del vestuario a Pedri? ¿Le diría a uno de sus futbolistas fundamentales que, si tiene un sueño, puede marcharse por mucho menos de lo que vale? Evidentemente, no. Entonces que nadie pretenda que el Atlético se comporte como una ONG.
El fútbol moderno ha convertido los contratos en una especie de recomendación cuando interesa al jugador y en una ley sagrada cuando interesa al club. No puede funcionar así. Si Julián considera que su ciclo en el Atlético ha terminado, está en su derecho de pedir una salida. Pero también el Atlético está en su derecho de decir que no, y más aún cuando tiene una cláusula perfectamente establecida.
Lo que resulta especialmente doloroso para el aficionado rojiblanco es la ingratitud. Julián Álvarez llegó al Metropolitano como una apuesta gigantesca y se convirtió en uno de los referentes del equipo. Ha marcado 49 goles en 106 partidos con la camiseta del Atlético.
El Atleti no le debe una salida gratis por haber cumplido su sueño. Al contrario: si el Barcelona quiere convertir ese sueño en realidad, que demuestre que está dispuesto a pagar el precio. Porque es muy fácil hablar de deseos, proyectos y sueños cuando el que tiene que asumir las consecuencias es otro.
El Atlético no tiene por qué arrodillarse ante nadie: ni ante Julián Álvarez, por muy extraordinario futbolista que sea ni ante el Barcelona, por mucho que quiera ficharlo.
El mensaje debería ser cristalino: Julián Álvarez puede querer irse. El Barça puede querer llevárselo. Pero el Atlético decide. Y si alguien quiere saltarse esa decisión, ahí está la cláusula. 500 millones.
Si el Barcelona pretende llevarse a una de las estrellas del Atlético, que pague como pagaría por una de sus propias estrellas.
Lo demás son malas artes, presiones y un juego que no merece ni el Atlético ni su afición.
Julián tiene derecho a soñar, el Atlético tiene derecho a defenderse y el Barcelona tiene derecho a ficharlo… Pero pagando.











