Enrique Riquelme desafía el inmovilismo y devuelve la ilusión al madridismo
Bertín Castañón.- Durante demasiado tiempo, el debate sobre el futuro del Real Madrid ha estado condicionado por la idea de que no existe alternativa posible al modelo actual. La irrupción de Enrique Riquelme ha demostrado exactamente lo contrario. Su proyecto ha conseguido algo que parecía imposible: abrir una discusión real sobre el rumbo del club y devolver la ilusión a miles de aficionados que consideran agotada una etapa.
Mientras otros apelan constantemente a los éxitos del pasado, Riquelme habla del futuro. Mientras otros defienden la continuidad, él plantea cambios. Y mientras algunos parecen conformarse con administrar la herencia recibida, él propone construir un nuevo ciclo ganador.
Riquelme ha mostrado una posición clara frente a cualquier iniciativa que pueda diluir el control de los socios sobre la entidad. En un momento en el que muchos clubes históricos han acabado convertidos en instrumentos financieros al servicio de inversores externos, su defensa del modelo tradicional del Real Madrid ha sido recibida con entusiasmo por numerosos madridistas.
Lejos de resignarse a una transformación irreversible del fútbol, plantea que el club siga siendo dueño de su propio destino.
Haaland y Rodri
Uno de los mensajes más potentes de su proyecto ha sido la voluntad de aspirar a jugadores del máximo nivel mundial como Haaland y Rodri. Más allá de la dificultad de cualquier operación de este calibre, el mensaje resulta evidente: el Real Madrid debe pensar en grande.
Los grandes clubes no se construyen desde la prudencia excesiva ni desde el miedo. Se construyen con liderazgo, visión y capacidad para atraer a los mejores futbolistas del planeta. Riquelme ha entendido esa realidad y la ha colocado en el centro de su propuesta.
Mourinho representa el pasado, no el futuro
La negativa de Riquelme a apostar por José Mourinho supone otra declaración de principios. El entrenador portugués forma parte de una etapa importante de la historia reciente del club, pero pretender que sea la solución para los desafíos actuales resulta difícil de justificar.
Sus últimos proyectos no han estado a la altura de las expectativas que acompañaron su llegada. El fútbol ha evolucionado, las exigencias han cambiado y el Real Madrid necesita mirar hacia delante, no hacia atrás.
Riquelme ha transmitido la idea de que la nostalgia no puede convertirse en una política deportiva. El club necesita construir el próximo ciclo ganador, no intentar revivir uno que pertenece al pasado.
El debate que Florentino evita
Resulta especialmente llamativa la ausencia de un debate abierto entre Florentino Pérez y Enrique Riquelme. En cualquier organización que aspire a la máxima transparencia, la confrontación pública de proyectos sería algo natural. Sin embargo, ese intercambio de ideas sigue sin producirse.
Muchos aficionados se preguntan por qué. Si el proyecto actual es tan sólido como afirman sus defensores, un debate debería servir para reforzarlo. La negativa a aceptar esa confrontación alimenta inevitablemente las dudas y transmite la sensación de que existe una incomodidad evidente ante la posibilidad de someter determinadas decisiones a un escrutinio público directo.
Los socios tienen derecho a escuchar propuestas, comparar modelos y juzgar por sí mismos quién ofrece las mejores respuestas para el futuro del club.
La principal aportación de Enrique Riquelme no es únicamente su programa. Es haber roto la idea de que el madridismo debe limitarse a aceptar una única visión posible.
Su aparición ha obligado a discutir sobre planificación deportiva, gobierno del club, fichajes, transparencia y futuro institucional. Y eso, por sí solo, ya representa una contribución relevante.
Las grandes instituciones se fortalecen cuando existen alternativas, cuando las ideas compiten y cuando nadie puede dar por descontado el apoyo de los socios. Riquelme ha entendido esa realidad y ha decidido desafiar el inmovilismo. Por eso su proyecto genera expectativas. Por eso incomoda a quienes prefieren que no haya debate. Y por eso cada vez más aficionados ven en él una opción capaz de devolver al Real Madrid la ambición y la ilusión que exige su historia.











