La moción de censura trampa de Vox que solo salvaría a Sánchez
Ignacio Loring.- La tentación de presentar una moción de censura contra Pedro Sánchez vuelve a aparecer periódicamente como si fuera una especie de obligación moral de la oposición. Pero, a estas alturas, conviene decirlo con claridad: sería un error político monumental. Y, sobre todo, un regalo para el presidente del Gobierno.
La iniciativa no respondería a una estrategia seria de cambio político, sino a una maniobra calculada de Vox para desgastar al PP, obligándole a retratarse en un terreno donde solo puede perder. Y ello porque el resultado está escrito de antemano: la moción no saldría adelante. No hay mayoría parlamentaria posible. Y cuando una moción fracasa, quien sale reforzado es siempre el Gobierno.
Sánchez convertiría durante días el Congreso en un plató propagandístico desde el que victimizarse, reagrupar a sus socios y vender estabilidad frente al supuesto “bloque reaccionario”. Exactamente lo contrario de lo que necesita hoy la oposición.
Además, el argumento de “usar la moción para sacar las vergüenzas del Gobierno” carece completamente de sentido. ¿Qué revelación novedosa podría producirse? No hay un solo ciudadano en España que desconozca ya los escándalos, cesiones y sospechas que rodean al Ejecutivo. Todo está publicado, debatido y retransmitido hasta la saciedad. Pretender ahora que una moción serviría para “abrir los ojos” a la opinión pública resulta ingenuo o directamente cínico.
Y aún hay algo más evidente: el actual Congreso ha dejado de ser un espacio de debate útil. Nadie responde a nada. Nadie rebate argumentos. Cada intervención consiste en repetir consignas propias mientras se lanza basura al adversario. La moción degeneraría inevitablemente en un interminable “y tú más”, en el que los casos de corrupción quedarían diluidos entre acusaciones cruzadas, ruido partidista y teatralización parlamentaria.
El efecto final sería devastador para la oposición y providencial para Sánchez. Durante semanas desaparecerían del foco mediático los escándalos que hoy erosionan al Gobierno. La atención se desplazaría desde las investigaciones y las responsabilidades políticas hacia el espectáculo parlamentario. Sánchez dejaría de estar a la defensiva para recuperar la iniciativa.
En política no basta con tener razón; hay que saber elegir el momento y la herramienta. En ese sentido, una moción condenada al fracaso no derriba gobiernos: los apuntala. Hoy, más que nunca, una moción de censura no sería un golpe contra Sánchez, sino un balón de oxígeno. Exactamente lo que necesita para sobrevivir.











