Hoy me apetece hablar de la libertad
Fraguas.- Hoy me apetece hablar de la libertad, un concepto que usted no conoce.
No vengo en plan faltan, amado lector, es que yo tampoco la conocía hasta notar su ausencia y por ese ángulo la comprendí.
Hay dos clases de libertad: la libertad política y la existencial.
La existencial no se la tengo que narrar, ese es un sentimiento propio y cada uno lo lleva a su manera.
Los negros del Missisipi se creían libres cantando gospel mientras robaban tiempo al sueño en las cuatro horas que tenían pa’ dormir.
La otra libertad es la política, la del ciudadano, la que cuenta. Y se define así:
Libertad viene de liber (latín) que tiene la connotación de la existencial condimentada con una pizca de creación. La libertad por tanto crea cosas, conceptos, arte, filosofía, política, justicia, seguridad…
Al ser libertad política entra dentro de ese paradigma; o sea de lo físico. Y lo físico se mide por la necesidad. Y también entra por el paradigma social. Y este se mide por el conflicto.
No hace falta pensar que a mayor necesidad, mayor conflicto; por tanto, la política busca la libertad acabando con el conflicto y con la necesidad. Así de simple.
Después una variación es la libertad Civil que propone a la seguridad del ciudadano como prioridad para que la libertad politica que se traduce en la autoridad que determina el fin smdwl conflicto y de la necesidad sea efectiva. Ains… déjeme tomar aire, amado lector; mientras puede releer esta parte. A veces tenemos que dar dos pasadas con la revolquera pa’ que la tierra quede más bonita.
Y como siempre es necesario un ejemplo y usted aún no me cree del todo. Como muestra un botón:
Patxi López ha sido acusado por el abogado Eduardo Martín Duarte de tener cuentas en el extranjero con dos kilos y medio. No aplauda, el Supremo ha rechazado la denuncia por no ser creíble. Esas puñetas olían a paja.
La respuesta del vasco ha sido denunciar a Duarte por denuncia falsa; pero no aporta prueba alguna del desmentido de los bancos aportados. Y los medios difunden la del señorito, menos este, claro.
Qué sacamos de todo esto; pues que el político que no hemos elegido y sobre quien no podemos ejercer autoridad, no es ni investigado.
Si no tenemos autoridad, no tenemos Libertad Política.
Si no es investigado y no tenemos representantes a nuestro servicio que fuerce a la justicia; tampoco tenemos seguridad. El delito queda impune. Resultado: tampoco existe la libertad Civil.
¿Sigue usted, amado lector, pensando que tenemos libertad?
Martín Duarte tampoco la tiene; pero actúa como si la tuviere y se juega el tipo.
Duro yerro, el abogado, pa’ una sociedad civil de mantequilla y una sociedad política forrada en oro.
Ave María Purísima.











