¿Por qué resucitó Jesús al tercer día?
La labor intelectual que realizó santo Tomás de Aquino es inconmensurable. Algunos cálculos apuntan a que, a lo largo de su vida, escribió cerca de ocho millones de palabras, y todas ellas con el propósito de acercarse a Dios. El gran doctor de la Iglesia puso todo su empeño en usar fe y razón como dos alas para elevarse en busca de la Verdad.
La obra del dominico abarca los grandes problemas de la filosofía y la teología y se detiene en explicar algunos de los grandes misterios de la fe católica. Por supuesto, la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo merecen atención especial y a ellas dedica algunos apartados dentro de la Suma teológica. Nos detenemos, precisamente en este Domingo de Resurrección, en las reflexiones del Aquinate sobre una cuestión que podría parecer insignificante, pero que no es baladí: ¿por qué al tercer día?
Siguiendo su estilo habitual, Tomás de Aquino comienza planteando algunas dudas sobre el tema a tratar: ¿por qué no posponer la resurrección «al fin del mundo», como se ha prometido al resto de hombres? ¿por qué esperar tres días? A partir de ahí, ofrece su respuestas.
En la argumentación del Doctor Angélico encontramos algunas reflexiones poco teológicas y muy de sentido común. Por ejemplo, sobre el motivo de no volver a la vida inmediatamente después de la muerte en la cruz, el filósofo explica que era necesario esperar un tiempo porque «podría dar la impresión de que esta no fue real y, por consiguiente, tampoco la resurrección».
Pero no todo es aparentemente tan sencillo. La cuestión de los tres días requiere de la comprensión de otros dogmas clave en el cristianismo. Indica santo Tomás que haber pospuesto hasta el final de los tiempos la resurrección de Cristo no habría ayudado a la consolidación de la fe tanto en su divinidad como en su humanidad. Jesús como verdadero hombre y verdadero Dios, tal y como remarcaron tantas veces los Padres de la Iglesia.
También se detiene en la importancia del tres, «que es el número de todas las cosas, como que contiene el principio, el medio y el fin». Pero no es solo una cuestión simbólica, sino de plenitud. El de Aquino cita a otro de los grandes doctores de la Iglesia, san Agustín, para comentar cómo Cristo, «con una sola muerte, la corporal», destruyó las dos muertes del hombre: «La del cuerpo y la del alma». Así, era necesario que permaneciese en el sepulcro «un día entero y dos noches».
Este aspecto del día y las dos noches es importante también para entender esos «tres días» que van del Viernes Santo al Domingo de Resurrección. El propio dominico profundiza en ello en el artículo 4 de la cuestión 51 de la Suma. A él remito para no alargar en exceso este texto divulgativo.
Por último, considera el autor de la Suma teológica que la Resurrección abre «la tercera edad», otra referencia clave respecto al tercer día. Según nos cuenta, la primera fue la anterior a la ley, la segunda, la de la ley y la inaugurada aquel domingo en Jerusalén, la de la gracia.
Como se puede ver, no hay asunto menor para santo Tomás de Aquino. Incluso un detalle que podría parecer secundario sirve como punto de partida para un profundo ejercicio intelectual. Fe y razón para insistir en aquello de creer para entender y entender para creer.












