Javier Ortega Smith: Donde las dan, las toman
Javier Ortega Smith ha sido, durante años, una de las figuras más influyentes del aparato interno de VOX. Su papel no se limitó a la representación institucional o al discurso político: desde la Secretaría General ejerció una responsabilidad directa sobre el diseño y ejecución del modelo organizativo del partido, especialmente en lo relativo a la estructura territorial. Ese modelo, ampliamente conocido y documentado por la propia dinámica interna de la formación, ha sido objeto de críticas constantes por parte de antiguos cargos y afiliados. (Ver vídeo sobre la doble moral de Abascal)
La organización territorial de VOX se caracterizó desde sus inicios por una fuerte centralización de decisiones. La designación de responsables provinciales, la confección de listas y la resolución de conflictos internos dependían casi exclusivamente de la dirección nacional.
En ese esquema, el área de Organización —con Tomás Fernández Ríos como uno de sus principales responsables operativos— tuvo un papel determinante. Según múltiples testimonios publicados en distintos momentos y territorios, ese sistema priorizó el control interno frente al arraigo local y redujo al mínimo los mecanismos de participación de la militancia.
Los datos de afiliación reflejan con claridad esa contradicción. En 2019, VOX alcanzó su mayor volumen de afiliados, superando ampliamente los 50.000 inscritos, coincidiendo con su auge electoral. Sin embargo, ese crecimiento no se consolidó. A falta de cifras oficiales recientes —que el partido ya no hace públicas—, diferentes análisis periodísticos y académicos coinciden en señalar un estancamiento e incluso una pérdida significativa de afiliación en los años posteriores. VOX mantiene votantes, pero la estructura militante se ha ido debilitando progresivamente.
El caso de VOX Málaga ilustra bien este proceso. La organización provincial atravesó una prolongada etapa de inestabilidad marcada por ceses, dimisiones y la imposición de direcciones provisionales. Afiliados y cargos locales denunciaron públicamente la falta de transparencia, la ausencia de procesos internos claros y la intervención constante desde la dirección nacional. El resultado fue la salida de numerosos militantes activos, muchos de los cuales habían participado en la implantación inicial del partido en la provincia incluso con dinero de sus bolsillos. Situaciones similares se reprodujeron en otros territorios, lo que apunta a un problema estructural más que a conflictos puntuales.
Durante años, este modelo se sostuvo sobre una lógica de disciplina férrea y control jerárquico. Sin embargo, con el tiempo, incluso algunos de sus principales impulsores han visto reducido su peso interno. En el caso de Ortega Smith, su progresiva pérdida de responsabilidades orgánicas ha sido interpretada por diversos analistas y antiguos afiliados como una consecuencia lógica del propio sistema que ayudó a construir.
Presuntamente, habría acabado experimentando dinámicas similares a las que, bajo su dirección, se aplicaron a numerosos responsables territoriales: decisiones unilaterales, ausencia de explicaciones públicas y desplazamiento interno sin debate previo.
Conviene subrayar que no se trata de imputar intenciones personales ni de atribuir responsabilidades penales o irregulares, sino de analizar un modelo de partido y sus efectos políticos. El problema de fondo no es una persona concreta, sino una forma de entender la organización que ha demostrado ser eficaz para campañas electorales, pero poco adecuada para construir una estructura sólida y participativa.
Hoy, VOX sigue siendo una opción relevante en términos de voto, pero arrastra una evidente fragilidad orgánica.
La pérdida de afiliados no se explica por un giro ideológico, sino por la percepción, extendida entre antiguos militantes, de que no existían cauces reales de participación, control interno ni rendición de cuentas. Un partido puede sobrevivir durante un tiempo apoyándose solo en el respaldo electoral, pero difícilmente puede consolidarse sin una base militante comprometida.
La experiencia de estos años deja una lección clara: los partidos que sustituyen la democracia interna por el control absoluto acaban pagando un precio. Y cuando eso ocurre, no siempre es fácil distinguir entre víctimas y responsables, porque el propio sistema termina aplicándose, tarde o temprano, a quienes lo diseñaron.
*Ex portavoz municipal de VOX en Benalmádena (Málaga)











