Manuel de la Tomasa deslumbra con sus Cantes de Navidad
Miguel Ángel Jiménez.- Ayer, 11 de diciembre, el teatro del IES Politécnico Los Remedios se convirtió en un escenario mágico donde la Navidad flamenca cobró vida de la mano de Manuel de la Tomasa, uno de los jóvenes cantaores más admirados del panorama actual. Con un lleno absoluto —la entrada era libre hasta completar aforo—, el público disfrutó de una velada íntima, cálida y profundamente emotiva.
El artista sevillano ofreció un recorrido por los villancicos y cantes navideños de su vida, rescatando versiones tradicionales que forman parte de su legado familiar y que, en su voz, resonaron con la misma pureza que antaño. Fue un viaje entrañable por aquellas Navidades antiguas que se cantaban alrededor del fuego, sin prisas, sin artificios y con ese perfume a hogar que solo el flamenco auténtico puede conservar. Era un ambiente de chachipé, de verdad vivida y compartida.
Un cante puro, cercano y sin artificios y de canela y clavo.
Uno de los momentos más conmovedores de la noche llegó cuando Manuel de la Tomasa decidió cantar sin micrófono, confiando únicamente en la fuerza natural de su voz. Ese gesto, tan sencillo como valiente, acercó aún más al público, que pudo sentir el cante tal y como se vive en las casas flamencas gitanas: a quemarropa, piel con piel, como cuando un chavorrillo escucha por primera vez a sus mayores.
La potencia, el timbre y la hondura que lo caracterizan confirmaron, una vez más, que es heredero legítimo del cante grande, pero también un artista con personalidad propia, capaz de camelar al público por la verdad de su voz.
Un acompañamiento de auténtico lujo
La actuación brilló también gracias al magnífico elenco que lo arropó: músicos de primer nivel, con un percusionista que destacó por su profesionalidad y dos guitarristas de enorme solidez, que aportaron un sostén musical elegante y preciso.
Los coros, a un altísimo nivel, regalaron incluso una pieza cada una, demostrando que las tres poseen la calidad y presencia necesarias para ser solistas cuando lo deseen. Con gran seguridad, compás y un respeto profundo hacia el cantaor.
Todos ellos crearon un ambiente casi familiar, donde la complicidad fluía de manera natural y generosa, realzando aún más el espíritu navideño de la cita. Era pura energía flamenca.
Un cantaor en plena madurez artística
Manuel de la Tomasa se encuentra en uno de los momentos más sólidos y prometedores de su carrera. En cada actuación demuestra que no solo es heredero de una estirpe histórica, sino un artista con talento propio, con una voz que crece, se afianza y conmueve.
El recital de ayer lo reafirma como una de las figuras jóvenes más destacadas del cante jondo, capaz de llenar espacios, mover emociones y mantener viva una tradición que forma partedel alma de Andalucía y de España.
Una noche para recordar
Cantes de Navidad no fue únicamente un concierto, sino una celebración íntima, flamenca y luminosa.
El público salió emocionado, consciente de haber vivido una noche única, en la que Manuel de la Tomasa volvió a demostrar que su arte —hondo, verdadero y generoso— continúa creciendo y conquistando corazones. ¡Enhorabuena Maestro!












