La hipocresía del cine español: critican a Christopher Nolan por rodar en el Sáhara y callaron cuando Sánchez lo entregó a Marruecos
Javier Bardem y varios actores más han vuelto a protagonizar una polémica pública, esta vez arremetiendo contra el director Christopher Nolan por rodar su próxima película, La Odisea, en el Sáhara Occidental. En un manifiesto firmado por conocidos rostros del cine español, entre ellos Aitana Sánchez-Gijón, Carolina Yuste, Icíar Bollaín o Rodrigo Sorogoyen, se acusa al cineasta británico de haber rodado en territorio ocupado por Marruecos sin contar con el consentimiento del pueblo saharaui.
El texto exige a Nolan y a la productora Universal Pictures que «rompan su silencio» y expliquen por qué eligieron la ciudad de Dajla —controlada por Rabat— como una de las localizaciones del filme. Según los firmantes, el prestigioso director «podría haber contribuido involuntariamente a legitimar la ocupación marroquí» y «ayudado a blanquear una represión sistemática que dura décadas». También critican que el permiso de rodaje haya sido concedido únicamente por las autoridades marroquíes, ignorando cualquier forma de consulta al pueblo saharaui.
El comunicado concluye con una invitación a Nolan para que asista a la próxima edición del festival FiSahara, en los campamentos de refugiados en Tinduf, alojándose con una familia saharaui para «conocer la realidad sobre el terreno» y así entender la dimensión del conflicto. Además, los firmantes advierten que vigilarán de cerca a cualquier futura producción cinematográfica que decida instalarse en esa zona: «Esperamos que ningún proyecto cultural vuelva a colaborar, directa o indirectamente, con la ocupación del Sáhara Occidental».
Lo curioso es que este grupo de actores y cineastas, conocido popularmente como «la ceja» por su pasado activismo político, guarda un silencio clamoroso frente a decisiones de mayor calado institucional. A pesar de que el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, dio un giro histórico a la política exterior española reconociendo de facto la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, ninguno de los firmantes ha exigido explicaciones o mostrado la más mínima crítica pública hacia esa cesión diplomática.
Resulta llamativo que quienes ahora alzan la voz por un rodaje cinematográfico permanezcan mudos ante movimientos políticos de enorme trascendencia internacional o ante los múltiples escándalos de corrupción que afectan al partido que gobierna España. Mientras critican a Nolan por filmar en Dajla, no parecen tener reparos con que el Ejecutivo entregue sin resistencia la gestión del territorio saharaui a Rabat.
Para muchos, este doble rasero evidencia una postura incoherente y selectiva. El activismo de Bardem y compañía, que se moviliza con rapidez ante causas culturales o simbólicas, parece desvanecerse cuando las decisiones provienen de su espacio político afín. Un nuevo episodio que vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre el silencio interesado de ciertos sectores del mundo artístico ante el poder cuando este actúa en contra de los principios que públicamente dicen defender.











