Romance de Macarena
José Manuel de Prada (Reproducido) Aunque amarga es la verdad, quiero echar- la por la boca: porque siento mucha pena de esa Macarena Olona, que hace un ridi tan tremendo creyendo que es muy señora. Empezó muy ponderada; pero halagos y lisonjas la aturdieron y ofuscaron, hasta dar pronto la nota. Jeribeques patrioteros, una labia muy chillona y un remango marujón adornaban la oratoria de quien, para los voxeros, era la hembra más molona. Pero de puertas adentro provocaba muchas ron- chas; y pisaba muchos callos, pues aspiraba a la trona. Así hasta que le tendieron un cebo con mucha sorna: «¿No quieres, de Andalucía, ser tú sola reina mora?».
Macarena entra al trapo, ni corta ni perezosa: se empadrona en Salobreña; y de Granada blasona más que Eugenia de Montijo, más que la Alhambra y que Lorca, con traje de faralaes y tipismos de pedorra. Los andaluces calaron su impostura tan notoria y sin piedad la mandaron a un limbo de mala sombra. Allí fue el crujir de dientes y el rosa- rio de la aurora; allí Abascal, que es muy pillo, con palabras muy dulzonas, la dejó desterradita, librándose de tal joya.
Porque eres, Macarena, rabiosa y no te conformas, declaraste estar enferma (de despecho, no seas sota!) para chinchar a Abascal y marcharte fanfarrona del partido en que brillaste, del partido que convoca a tus fans ya los salidos que ardían como la estopa cuando en los baños de masas te paseabas fardona. Anunciaste que volvías a vestirte con la toga mientras curabas achaques, que más bien se nos antojan caprichos inexplicables de una diva veleidosa. Quieres que te hagan casito: quieres fama, quieres coba: y marchas a Compostela, cual peregrina devota, y te juntas y rodeas de pelotas que te doran esa pildorita grande, esa pildorita hermosa que es tu ego, que es tu ansia de coger todas las rosas. Y así, mientras bordoneas, a Abascal lo encabronas montando varias charletas que atraigan rojos y rojas de los que, al montar escraches, de paso arriman cebolla. Y así nuestra Macarena, cual inocente paloma, aparece zarandeada, martirial y medio rota, como suele aparecer cualquier yonqui de la gloria ante cámaras y focos, para nutrir su parroquia.
Pero el numerito sigue, Macarena es vanidosa: ahora reclama mimitos a Abascal, que se reporta. y no la manda a la mierda por clemencia socarrona. Pero Macarena aprieta, amenaza y extorsiona, y le exige una entrevista con luces y con alfombras para hablar de Andalucía, de España y también de Europa, pues de todas esas tierras se proclama redentora. Macarena está ‘on fire: Macarena se disloca, no controla lo que dice, no sabe dar pie con bola, es gallo descabezado, megalómana ruidosa con ribetes de delirio, como si fuera histriona a quien sacaron de escena…
¡Ay, Olona, pobre Olona! ¡Te creis te otra Meloni, que te da sopas con onda! De la derechita jaque tú pensaste ser reinona, porque querías que España te venerase a ti sola. Pero sólo has con seguido ser blanco de crueles coñas, de sainetes y esperpentos y de sátiras zumbonas. ¡Macarena, para el carro, se te está yendo la olla!
(ABC)











