Somos «Madame Bovary»
Feodorov (Foro de AD) Somos “Madame Bovary”. Encharcados en una deuda impagable y por tanto en manos de nuestros acreedores camino del suicidio. Impresiona cuando el articulista advierte del porcentaje de deuda en los años 75 y en los 80. Por aquel entonces los “agentes del cambio”, muchos de ellos hijos del propio régimen, intelectuales universitarios impregnados hasta el tuétano de la doctrina del “New Deal” de Roosvelt advertían del desastre que el régimen franquista suponía para España. Tamames, don Ramón, tronaba poco después en TVE afirmando que tras de 40 años de dictadura España no sabía hacer un coche. Se refería a la SEAT y a su dependencia de la matriz italiana.
Por comparación, la situación actual con la deuda desbocada e incapaces de salir del atolladero ideológico LGTBI y lo que siga, con la nación invadida por África y el gobierno y la clase política en general entregada a los intereses extranjeros, sean estos cuales fueren, es de auténtico pánico.
Pero, a fin de cuentas, ¿qué es el patriotismo? Hay una diferencia fundamental entre el patriotismo español y el inglés o el francés. Al menos hasta que lo políticamente correcto ha invadido también a nuestros vecinos que eligen a un tipo como Macron. Un individuo que ha trabajado en un banco de sospechoso nombre Rothschild.
Recuerdo a Miterrand, el socialista que una vez en el Elíseo se envolvió en la bandera francesa de la tradicional “grandeur”. Miterrand no tuvo reparos en hundir un barco de “Green Peace” defendiendo los intereses de Francia. El socialismo es internacionalista por definición, pero Miterrand era francés por encima de todo. Por el contrario, en España, el heredero Borbón se mostró desde el principio dispuesto a vender España al mejor postor, o al peor, si la comisión era apetecible.
En Inglaterra, una y otra vez, podemos ver en esas magníficas series de TV, “Arriba, abajo” y ahora en “Douwnton Abey” una especie de conformidad del pueblo inglés con su historia. Los de abajo no cuestionan a los de arriba. Cada uno debe permanecer en el lugar que le corresponde, el respeto de unos a otros es absoluto. Bien es verdad que la historia inglesa se relata en forma de triunfo y la española es un continuo rosario de derrotas que solo Elvira Roca Barea está explicando últimamente. Quizá sea tarde. Pero algo de razón debe tener cuando la reacción de la intelectualidad patria asentada y reconocida es tan furibunda contra lo que ella escribe.
La diferencia está en nuestro pecado nacional. La envidia. Somos envidiosos por naturaleza y nuestros enemigos lo saben. Esa envidia descontrolada nos ha llevado a la situación actual. No hay más que ver a los periodistas deportivos catalanes, rabiando cuando el Madrid consigue algún triunfo. El sistema de comunidades autónomas emergido de la siniestra constitución del 78 es un monumento a la envidia. Se pensó en contentar al País Vasco y Cataluña con una autonomía a su medida y de inmediato surgieron las nacionalidades supuestamente históricas. Los Comuneros y el pasado andalusí, los cántabros y los galaicos. Al final unos y otros parieron el sistema. Café para todos. España paga.
Y seguimos igual. La evidente invasión marroquí de España no puede tratarse. Nadie habla de ello. La simple mención de lo evidente, y lo evidente es que en muchas partes de España el español corriente es minoría, deja a quién lo hace fuera de juego. Todo el mundo quiere alegría, felicidad, mesas de chiringuito a reventar. Cervecita y tapa y luego ración de esto y lo otro. Por supuesto todo reducido a la familia o al grupo. El desdén hacia los demás españoles contrasta con las redes de relación que han construido los islámicos en España. El rebaño manda y cuestionar lo que se nos viene encima si no hacemos algo y pronto, deja a quién lo hace fuera de la sociedad. El principio envidioso se resume en algo así como: yo contra mi hermano, mi hermano y yo contra mi padre, mi familia contra la tribu y la tribu contra el mundo. Curiosamente leí este gran principio de conocimiento humano en un ensayo que describía el carácter árabe y que el gran enemigo de los palestinos de por aquel entonces que era quién lo relataba parecía conocer y utilizar para su provecho.
Patriotismo es renunciar a lo individual para sumergirse en una idea. La idea es España y esa idea solo puede ser cristiana. España es católica, creyente en Cristo y en la Santísima Virgen o no es España.











