En busca de un Eric Zemmour que lidere a la derecha española
Lamentamos tener que seguir diciendo que no hay en España un líder que ni de lejos represente lo que el francés Eric Zemmour, en punto a desafiar al Sistema e ilusionar a un amplio sector de la población, hoy en manos de la izquierda. Lo que hay es lo único que tenemos. Si se nos pide que ayudemos a que el “mesías identitario” sea reconocido y aceptado como tal, al menos esperemos a que este aparezca. Pero antes deberá cumplir con las exigencias que requiere la gravedad del momento presente y la maldad intrínseca de los detractores de nuestro ideario: carisma, buena esgrima dialéctica, resistencia ante los huracanes y un notable bagaje profesional, sobre todo si ha estado alejado de la política y de las ubres del dinero público. Todo lo anterior descarta a los dirigentes conocidos, y por eso nunca nos hemos decantado por ninguno.
Algunos pretenden que aceptemos a Santiago Abascal como maná caído del cielo. El de Amurrio cuenta con el apoyo de algunos periodistas liberales que siempre han estado en contra de los ideales que aquí representamos. También con el de Julio Ariza, cuyo único ideal es el dinero. Que este profesional de la política sea considerado lo más aceptable que tiene la derecha identitaria en nuestro país ya prueba lo mal que nos ruedan las cosas. En plena época de recortes y corrupciones, Vox fue creado como coartada del PP para controlar las desafecciones y conducirlas al redil donde terminan amansándose las fieras disidentes de la derechona liberal española.
Abascal disfruta hoy de una notable fama y de dinero, mucho dinero. Queremos, sin embargo, en esta hora decisiva para Occidente, concederle al de Vox el beneficio de la duda respecto a sus rectos propósitos. Ninguna prueba mejor para disipar cualquier temor acerca de sus intenciones que manifestando, en tanto líder de la derecha identitaria española que pretende ser, de forma alta y clara, que ninguna nación nace multicultural ni multirracial; que el multiculturalismo y la multirracialidad es una situación artificial y malsana que sólo afecta a los Estado en declive general, que un Estado multicultural o multirracial porta en lo más profundo de si mismo los gérmenes de su futura destrucción nacional; que todas las naciones multiculturales o multirraciales desembocan en un estado de ruina política, moral, económica y social; y que la mentira y el engaño son lo propio de los medios de comunicación, los políticos y las instituciones educativas controladas por el mundialismo sionista.
El multiculturalismo es utilizado como un martillo para forjar a los pueblos dóciles que conformarán los Estados obedientes del Nuevo Orden Mundial. Como arma de guerra de política moderna, el multiculturalismo tiene pocos equivalentes, lo que explica su utilización actual en toda Europa Occidental, los EEUU, Canadá y Australia. La parcelación y división deliberada de estas naciones y la pérdida de la identidad nacional y de proyecto común que desemboca en grupos políticos en conflicto entre ellos sirve de trampolín a un gobierno mundial. ¿Pero quién compondrá ese gobierno mundial? Una clase dirigente constituida en una ‘jerarquía económica’ reemplazará la ‘jerarquía natural’ de la filosofía del siglo XIX. Una fuerza que considera a los países y las personas que los pueblan primero como objetivos económicos para explotar, y después como objetivos militares que deben ser vencidos si oponen resistencia.











Don Armando, el sistema de partidos, teóricamente llamado democracia, que muchos llamamos memocracia, en realidad ES UNA DICTADURA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS.
Esa es la realidad.
Y hacer algo al margen de las partidas -no s un error- de fascinerosos, llamadas partidos políticos, es francamente difícil, por no decir imposible.
De cualquier forma, nada es imposible. Es sólo cuestión de intentarlo. Pero, para empezar necesitamos al líder…
¿Y quién podría ser, debería ser, esa persona…?
Por lo demás, totalmente de acuerdo con su brillante artículo, don Armando, como todos los suyos.