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La infanta Elena, de cañas en el local del empresario acusado por agredir a Hermann Tertsch

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La infanta Elena permanece ajena al terremoto mediático y judicial que se vive en el seno de la Casa del Rey -los problemas que acechan a su cuñado Iñaki Urdangarin, los rumores sobre el estado de salud de don Juan Carlos y su famoso hematoma, y los comentarios acerca de la delgadez de la Princesa de Asturias-. Por ello, no es de extrañar que haya preferido evadise con sus amigos y disfrutar de dos de sus aficiones: la gastronomía y el mundo taurino.

Hace unos días, la primogénita de los reyes acudió a un conocido bar de la capital especializado en pinchos y copas, situado en el barrio de Salamanca, más concretamente en la madrileña calle de Lagasca, y lo hizo acompañada de unos amigos entre los que se encontraba Rita, la condesa de Ventosa, una de sus íntimas, según ha podido saber Vanitatis.

La duquesa de Lugo, que volvió a lucir una melena suelta y lisa, se relajó en este local cercano a una asesoría y a una editorial, después de una jornada laboral en la Fundación Mapfre, para la que trabaja como directora de Proyectos Sociales y Culturales, una labor que compagina con sus compromisos oficiales como miembro de la Familia Real.

Lo llamativo de la historia es que el Bar Pinchos y Copas, inaugurado hace 12 años como un tablao flamenco y que cuenta con una decoración muy taurina en la que no faltan actuaciones musicales, es propiedad del bilbaíno Ramón Narváez Gandarias, conocido empresario de la noche madrileña que hace casi dos años saltaba a la palestra informativa por su detención como presunto autor de la agresión al periodista de Telemadrid Hermann Tertsch, quien, a finales de 2009, era golpeado con una patada en la espalda en un bar de copas del centro de Madrid. Narváez Gandarias fue posteriormente puesto en libertad sin fianza.

Con todo, la infanta Elena acudió al local de forma probablemente casual, pues el bar Pinchos y Copas no figura entre sus predilectos y es además la primera vez que hay testimonio gráfico de una visita suya a dicho local.

Tras una conversación, unas cañas y unas tapas, la duquesa de Lugo se despidió de sus amigos, abandonó el pub y se dirigió a su vehículo, después de que uno de sus escoltas se lo acercara hasta la entrada y le abriera la puerta. La infanta Elena abandonó el lugar conduciendo ella misma su coche, como suele ser habitual.

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