Juego sucio
Ignacio Sánchez Cámara.- No hay que olvidar lo que está en juego. Ni ignorar lo que puede pasar hasta el 29 de noviembre. Todo es posible. Incluso, por supuesto, lo peor. Tal vez no haya elecciones. Si no entendemos cómo hemos llegado hasta aquí, no entenderemos nada. Es necesario repetirlo. Hasta la saciedad. Todo empezó con la mayoría absoluta de Aznar. Algo intolerable para la izquierda radical. Allí nació un pacto de toda la izquierda, por supuesto incluidos los herederos de la ETA y la derecha antiespañola. El lema era: nunca más la derecha en el gobierno. El objetivo, la deslegitimación de la derecha. Un cambio de régimen. La democracia es de izquierdas. La derecha es antidemocrática. Nada se entiende sin esto.
El modelo es el Frente Popular. La política es la guerra con otros medios. La izquierda perdió la guerra. Ahora se trata de reescribir la historia. Es necesario aprender de ella. Si el Frente Popular accedió al poder mediante un fraude electoral, no hay que descartar que el nuevo Frente intente hacer lo mismo.
El origen está en Zapatero. Naturalmente, no da para ser el cerebro de esta historia. Fue solo el instrumento. La necedad ha ido de la mano de la codicia y la corrupción. No es la primera vez. Sánchez es la secuela. El Frente Popular se nutre de la violencia y la crispación. «Nos conviene que haya tensión». Y en esas estamos. Lo que creemos que son errores del Gobierno son muchas veces resultado de su estrategia deliberada, y no descabellada ni torpe. La mayoría de lo que está sucediendo no son errores del Gobierno, sino efectos de un plan deliberado.
El primer elemento se encuentra en la diabólica estrategia sobre la crisis de la vivienda. Siempre Madrid. Un caso más y de los menos relevantes se convierte en el arquetipo. Un Gobierno que no ha hecho nada en favor de la vivienda durante casi ocho años, abandera un caso y convierte la protesta en un movimiento contra la oposición. Cualquier lector atento de los Evangelios conoce la astucia de los enemigos del Reino de Dios. Y promueven una huelga general contra la oposición y no contra el responsable de la situación, que es el Gobierno. La marioneta sindical coopera. Obedecen a su amo.
Arde la educación pública. Naturalmente, en Madrid. En vísperas electorales. Nada pasa en la educación pública en otras comunidades. Nada ha pasado en los últimos ocho años. Ahora es el momento. Son casualidades. «Nos conviene que haya tensión».
Y lo que nos queda por ver. Esto no es nada. La llamada «ley de nietos» no es sino un intento de alterar el censo electoral. Seguirán intentándolo. Nunca en la historia de la actual democracia española había sido tan verosímil la posibilidad de un fraude electoral.
La estrategia gubernamental en Ceuta no es una patochada ni una exhibición de incompetencia. Al margen de la sumisión a Marruecos, forma parte de una estrategia deliberada y tal vez acertada, desde el punto de vista de sus intereses. Se entiende desde el punto de vista del mal. «Nos conviene que haya tensión». Los defensores de Ceuta son fachas. No hay más que ver las banderas que exhiben.
Mi conjetura es que el Gobierno sabe que va a perder las elecciones, a menos que haya fraude o suceda algo que impida que se celebren. El fraude se intentará y solo lo impedirá lo que queda del Estado de derecho. Si esto falla, siempre quedará la posibilidad de crear una situación de tal gravedad que impida la celebración de las elecciones. Puede ser un conflicto con Marruecos o una situación de emergencia interior. El Gobierno no entregará el poder, si no le queda más remedio. Y es coherente, aunque perverso. La derecha no puede gobernar, ya que el objetivo es la instauración de un nuevo régimen antidemocrático en el que solo tiene cabida la izquierda. Algo muy parecido a una revolución comunista: la transición de la democracia a la autocracia.










