El estadio Metropolitano debe cerrar filas con Ceuta y reprobar a los que la desprecian
BC.- Lo ocurrido con Vinícius, Mbappé y Konaté alrededor del mensaje “Todos somos caballas” ha abierto una herida que no se cierra con explicaciones posteriores. Mbappé ha dicho que su intención era mostrar solidaridad también con los inmigrantes fallecidos y que no pretendía faltar al respeto a Ceuta. Esa explicación forma parte de la polémica. Pero no borra la percepción de quienes vieron en aquel gesto una distancia incomprensible respecto a una ciudad española que reclamaba, sencillamente, solidaridad.
Vinicius, Mbappé y Konate han demostrado que para ellos la camiseta es solo un contrato, no un privilegio. Cuando un jugador recibe del país que lo acoge una plataforma económica y deportiva extraordinaria, lo mínimo exigible es respeto por ese vínculo. Vinícius y Mbappé podrán tener talento, millones y protagonismo mundial, pero ninguna estrella está por encima del club, de su afición ni de las responsabilidades que conlleva vestir una camiseta. La lealtad no se demuestra con declaraciones cuando todo va bien, sino con hechos cuando toca responder. Cobrar como símbolos y comportarse como mercenarios es la manera más rápida de convertir el privilegio de representar a un gigante deportivo en una simple transacción.
Por ello, este próximo domingo día 20 llega el derby madrileño en el Metropolitano. El lugar perfecto para responder con todo el estadio atlético clamando a favor de Ceuta
Las gradas rojiblancas deben convertirse en una marea de banderas españolas y ceutíes y que el mensaje sea visible desde el primer minuto hasta el último: “TODOS SOMOS CABALLAS”.
Ceuta no es una abstracción ni mucho menos una palabra que se utiliza cuando interesa y se esconde cuando incomoda. Ceuta es una ciudad española y sus ciudadanos merecen saber que el resto de España no permanece indiferente.
Y el Atlético sabe perfectamente cómo se hace esto.
El Metropolitano no necesita que nadie le explique qué significa convertir una grada en una voz. Lo ha demostrado muchas veces. Tiene la fuerza para hacer que un mensaje atraviese las paredes del estadio y llegue mucho más lejos.
Por eso, cuando Mbappé, Vinícius o Konaté aparezcan sobre el césped, que sepan que enfrente no tendrán solamente once futbolistas. Tendrán una grada que ha decidido no olvidar a Ceuta.
Cada balón que toquen puede convertirse en el recordatorio de una reivindicación legítima. Un clamor, una respuesta colectiva, un rugido que diga, una y otra vez: ¡CEUTA! ¡CEUTA! ¡CEUTA!
No se trata de perseguir a tres futbolistas. Se trata de que tres futbolistas no puedan eclipsar a una ciudad.
Tampoco se trata de convertir el partido en una batalla personal sino de aprovechar noventa minutos de máxima audiencia para lanzar un mensaje que no necesita insultos para ser ensordecedor.
Porque hay una diferencia enorme entre abuchear a una persona y hacer escuchar una causa.
Este domingo, el Metropolitano tiene que ser rojo y blanco, pero también más español que nunca y caballa por una tarde..
La afición del Atlético tiene que dar una lección de patriotismo y dignidad nacional ante el mundo. Cuando las cámaras enfoquen las gradas deben encontrar un mensaje imposible de ignorar.
Mbappé, Vinicius y Konate deben sentir el clamor de miles de aficionados recordando que Ceuta no está sola, y que, cuando termine el partido, independientemente del resultado, quede una imagen que nadie pueda borrar: un estadio entero convertido en altavoz de Ceuta.
Un partido de fútbol dura noventa minutos, pero la solidaridad con una ciudad española invadida por Marruecos no debería durar solamente lo que tarda en retirarse una camiseta.
Esta vez, que hable el Metropolitano. Que hable por Ceuta. Que hable por España.











