El miedo a pisar la calle cambia la rutina de los ceutíes, con sus niños encerrados en casa
La paciencia de los ceutíes se encuentra al límite. Llevan casi un mes sin poder disfrutar de su ciudad, de sus playas, de sus bares y restaurantes, en pleno verano. No pudieron siquiera celebrar sus fiestas patronales . Tras la invasión, el medo, dicen, ha cambiado sus rutinas y la de sus hijos “que no pueden salir a las calles ni a los parques”. “Tenemos inseguridad, los vecinos no pueden salir y aquí nadie da respuestas”, denuncian.
Miles de inmigrantes siguen en las calles, algunos, en los campamentos habilitados, pero otros muchos escondidos por la ciudad, dicen. “Han trasladado el problema, no buscan solución”, señalan.
Unos vecinos que alzan la voz y que también se preocupan de las condiciones de los que cruzaron la frontera. “Personas que están en un estado lamentable de salubridad. Estamos todos al borde de una epidemia”, dice un vecino.
Una situación que obliga a los vecinos a sostener un difícil equilibrio. “¿Te piden de comer y qué haces?. Esto tiene que solucionarlo el Gobierno”. Porque al mismo tiempo quieren recuperar sus vidas y poder volver a pisar las calles sin miedo.











