Óscar Puente y Felipe VI
No es un problema de izquierdas o derechas, dos ministros del mismo Gobierno han demostrado dos maneras distintas de entender el poder. Margarita Robles viaja a Ceuta, escucha el enfado de sus ciudadanos y representa al Estado, mientras Óscar Puente convierte la crisis en material para Twitter.
Al país le sobran activistas en redes sociales y le faltan ministros responsables. En medio de una crisis fronteriza, política y humanitaria como la Ceuta, las publicaciones en X de Puente son símbolo de la degradación más amplia de la cultura de gobierno. Ya lo hizo con los graves incendios que asolaron Toledo, Ávila, Madrid y Castellón, intentando sacar ventaja partidista avivando la polémica con Díaz Ayuso, mientras miles de personas eran evacuadas de sus domicilios y el Gobierno tenía que pedir apoyo a las instituciones europeas.
La incontinencia verbal del ministro no tiene límite. El pasado martes lanzó un dardo contra el jefe del Estado, que había acudido a la toma de posesión de Abelardo de la Espriella, al tiempo que retuiteaba una cuenta que exige el establecimiento de la República en España.
Todo apunta a que el próximo curso político se van a sobrepasar todas las líneas rojas. Todas las previsiones son de cambio de ciclo, pero Sánchez está dispuesto a cualquier cosa para revertir la tendencia, incluido amagar contra la forma de Estado que propugna la Constitución.
Óscar Puente se enfrenta a una oleada de críticas tras sus acusaciones contra Felipe VI: “Insultar al Rey es fácil, lo difícil es asfaltar autopistas”
A Puente no se le exige neutralidad, tan solo dignidad institucional. Ha confundido comunicación directa con infantilización de la política, la búsqueda de memes, insultos, provocaciones y el aplauso de los propios. La política no consiste en tener siempre una respuesta. A veces consiste simplemente en saber estar. Y Ceuta necesitaba ministros que supieran estar, al igual que la crisis de los incendios.
Puente tiene la costumbre de polarizar la política nacional en lugar de atender las obligaciones de su ministerio. Los retrasos ferroviarios o el estado de la red de carreteras hablan por sí solos.
Hace cuatro años, cuando se producían los grandes retrasos de la Alta Velocidad, Puente jugaba al golf en un exclusivo campo de golf alicantino. Ahora, mientras la crisis en Ceuta sigue sin resolverse y los episodios de agresiones, peleas y miedo crecen, Óscar Puente ataca a la Casa Real desde la playa de Mojácar.
Un Gobierno no es una cuenta de X y un activista sin sentido de Estado no debería ser ministro, como tampoco debería ser presidente quien es capaz de poner todo en riesgo si le interesa en una coyuntura.











