«La sombra del Pegasus» es muy alargada en Ceuta
Tras lo sucedido en Ceuta hace ya 20 días, es un auténtico escándalo, –inaceptable en una democracia parlamentaria, digna de ser considerada como tal–, que a estas alturas no se haya producido ni en el Congreso ni en el Senado ninguna comparecencia por parte del Gobierno. Esta es la respuesta de la «coalición progresista sanchista» a una auténtica invasión marítima al territorio nacional, producida desde Marruecos. Es evidente para cualquier persona con «dos dedos de frente» que 80.000 personas no pudieron efectuar lo que hicieron el pasado 30 de julio sin la cooperación por acción u omisión de las autoridades marroquíes. Lo que fue objeto además de un aviso –para que «quien quisiese entender, pudiera entender»– en julio de 2021 con una acción similar, menos numerosa que la actual, pero también de miles de inmigrantes ilegales. Cooperación necesaria que ahora ha sido reafirmada al impedir otra anunciada para este pasado 15 de agosto, con un adecuado despliegue de medios humanos y concertinas, blindando la frontera con Ceuta por parte de sus autoridades.
El mensaje es muy claro: quienes aseguran la frontera entre Marruecos y España son ellos, que pueden invadir las ciudades autónomas españolas de Ceuta y Melilla cuando quieran. Ante esta inaceptable situación, que el sanchismo reafirme su gratitud a las autoridades marroquíes por su cooperación, es un insulto y una ofensa a los españoles no sumidos en la obediencia ciega a su «liderazgo». Es evidente que la relación con nuestro vecino reino alauita debe estar basada en la confianza y el respeto, al ser estratégica para ambos. Pero esas condiciones deben ser mutuas, lo que no es así en cuanto mantienen una permanente reivindicación sobre Ceuta y Melilla, cual si fueran ciudades cuya soberanía les hubiese sido usurpada por España.
Al efecto, es necesario conocer la historia para neutralizar ese falso relato, ya que ambas ciudades «son España», mucho antes de que Marruecos existiese como realidad política y nacional. De hecho, accedió a la independencia en 1956, mientras Ceuta «es España» desde 1580 y Melilla desde 1497. Y no decimos que «son de España», sino que «son España». Para que quede claro y que es inaceptable y vergonzoso que el sanchismo negocie la sede de la final del Mundial 2030 con su ministro de Justicia mientras reivindicaba la soberanía sobre las dos ciudades españolas. Esta situación resulta todavía más grave y preocupante si se tiene presente que Marruecos es ahora un aliado de EE UU e Israel, países con cuyos dirigentes –Donald Trump y Benjamin Netanyahu– Sánchez mantiene una relación de radical enemistad. Con todas esas claves, la conclusión es que «la sombra del Pegasus es muy alargada».











