La caterva contra Alvise
Fraguas.-
Después de unos días de los acontecimientos de Ceuta, la retrospectiva es el agua limpia que aclara los barros de la inminencia. Solo en la soledad paciente de la conversación con amigos se pueden extraer ciertas conclusiones que se tornan recipientes bautismales de esa agua bendita. Y es sentado en una calabaza con un palo en la boca, cuando mi amigo, Axel, me recordó el enfrentamiento de una caterva ordenada y dirigida, por no sé quién, que sí, contra Alvise. Qué clase de contradicción puede ser justificada para conseguir una reacción inmediata a una “amenaza política fascista” y ser tan zafiamente inoperante y no colaborativo con tu vecino. En vez de protestar contra el establishment que no supo o no quiso ver, buscó la sombra de un monstruo ideológico, contrario a ella —la caterva— para autojustificar el ADN quintacolumnista de su nación, cautivamente escondida y religiosa de su ADN.
Fascista era el grito tribal. Me recordó a Nietzsche y, con ese pensamiento, a tanto tonto que pasta en la política y en la tele. El del seso decía que había que tener cuidado cuando uno dedica el tiempo a buscar monstruos, pues mientras se mira al abismo, el abismo entra y cala en ti, convirtiéndote en aquello que confrontas. Así, en televisión y en política, abunda un abismo de demócratas que, sin saberlo, se han convertido en el monstruo que persiguen. Ese monstruo es la ideología, en concreto la de izquierda. Dedicada a la persecución y al fusilamiento civil para el disidente. Una ideología que devora disenso y condena al pensamiento contrario, se alimenta de las calabazas de la gente que perdió la costumbre de sentarse en ellas a pensar con un palo en la boca.
Ave María Purísima.











