El Congreso de EE.UU. respalda a Mohamed VI en su reivindicación de Ceuta y Melilla: «Son territorio marroquí»
Marruecos fue el primer país en reconocer la independencia de los Estados Unidos. Lo hizo en 1777, y su común Tratado de Paz y Amistad de 1786 es el más antiguo en vigor de la diplomacia norteamericana. Tan activo como entonces, 250 años después, Washington no ha dejado de corresponder a su primer aliado, en demasiadas ocasiones a costa de España, sin cuya participación aquella guerra habría sido muy diferente.
Algo sabe Mohamed VI
Desde días antes de la invasión de Ceuta, la Comisión de Asignaciones de la Cámara de Representantes «observa» en su informe presupuestario que las ciudades «administradas por España están situadas en territorio marroquí» y «respalda los esfuerzos del secretario de Estado para facilitar la implicación diplomática» entre Marruecos y España sobre su «futuro estatus». El mismo texto invoca la alianza de 1786 y reserva a Rabat no menos de veinte millones de dólares en seguridad y financiación militar.
El documento, anexo a la ley de gastos de Seguridad Nacional, del Departamento de Estado y programas conexos para, ahora se negocia en el Senado: 47.300 millones de dólares aprobados el 15 de julio por 217 votos frente a 209, con todos los republicanos a favor salvo uno, Thomas Massie, al que Donald Trump se afanó en tumbar en las primarias de las elecciones legislativas a través de su candidato, Ed Gallrein.
Se trata de la primera vez que el Congreso de los Estados Unidos adopta y pone por escrito las reivindicaciones territoriales de Mohamed VI, y lo ha hecho en un texto que, sin tener rango de ley, es relevante. Su promotor es Mario Díaz-Balart, vicepresidente de la Comisión de Asignaciones, presidente del subcomité que financia la diplomacia americana, republicano de Florida e hijo del exilio cubano. Por encima de todo, uno de los congresistas más cercanos a Marco Rubio, que ya en abril defendió que Ceuta y Melilla «no están en la geografía española, sino en la marroquí».
En un sentido similar, Michael Rubin, del American Enterprise Institute y el Middle East Forum, ha reclamado que Trump declare Ceuta y Melilla «territorios marroquíes ocupados» y ha sugerido que Rabat organice sobre ellas una nueva Marcha Verde. El mismo think tank teoriza el uso de Marruecos «como palanca» frente a una España «poco fiable».
El documento del Capitolio y la manufactura del relato de Ceuta como «colonia arrebatada a Marruecos» coinciden con las menciones de Donald Trump al Desastre del 98. La primera, el 2 de julio, en vísperas de la cumbre de Ankara, cuando sostuvo que España «no se está portando bien», pero «pronto aprenderá», y mencionó a Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam, de los que, dijo, «renunciaron a su control». La segunda, dos días después, durante la celebración del Día de la Independencia, cuando recordó el día en que su país «mandó al fondo de la bahía de Manila a la flota española», equiparándolo con «hundir toda la Armada iraní en un instante».
Unos comentarios coherentes con el espíritu de su segundo mandato, esbozado mucho antes, el 20 de enero del año pasado, en su discurso de investidura, cuando señaló como modelo a William McKinley —«hizo muy rico a nuestro país mediante aranceles»—, presidente entre 1897 y 1901.
Años atrás, durante los últimos días de su primera estancia en la Casa Blanca, el republicano reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental a cambio de que Rabat normalizara relaciones con Tel Aviv en el contexto de los Acuerdos de Abraham. Israel correspondió con su propio reconocimiento en 2023. Además, el 31 de octubre de 2025, a iniciativa estadounidense, el Consejo de Seguridad de la ONU consagró el plan de autonomía marroquí como base de la negociación. «Hay un antes y un después», celebró Mohamed VI, que hizo de la fecha fiesta nacional.











