Miguel Ángel Blanco: el día que Otegi estaba en la playa
Pedro Narváez.- Mañana se cumplen 29 años del asesinato de Miguel Ángel Blanco. Fue un 13 de julio de 1997. En Lasarte apenas se alcanzaron veinte grados de máxima, el cielo estaba lloroso, escondido entre nubes, y de vez en cuando caía una lluvia fina. Nada que ver con los 35 grados que se esperan hoy. Otegi dijo que estaba en la playa de Zarautz, chico del norte, y que no tuvo nada que ver. Nunca condenó ese acto bárbaro. Hoy aspira a ser el capo máximo del País Vasco mientras hace de trilero con Pedro Sánchez. Es al menos curioso que se destierre a un diputado por dudar, no sé, de la emergencia climática, un poner, y se perdone a otros a los que un asesinato no les parece para tanto. Al cabo, en España mueren de media 1.195 personas al día. En algunas mentes, además, Miguel Ángel Blanco no fue solo un número sino un acto de heroísmo.
«Veremos cosas que nos helarán la sangre», advirtió Pilar Ruiz, madre de otro ajusticiado, Joseba Pagazaurtundua. Una profecía cumplida. Lo que no esperábamos es que fuera el Gobierno de España el que recogiera las nueces, aunque fuera en una pradera de estiércol. Los verdugos del que fuera concejal de Ermua están vivos todavía. Txapote y Amaya no se han arrepentido. Han tenido dos hijas juntos. Se reían en el juicio. Enseñaban los dientes como dos depredadores de carroña que habían catado un buen trozo de carne y aún se relamían las pezuñas. «Hijos de puta, vais a pagar por lo que habéis hecho –les espetó Mari Mar Blanco–, miradme a la cara». Cabrones.
La desmemoria viene a cincelar una triste lápida de aniversario. Miguel Ángel Blanco tenía 29 años, la edad de mi hermano entonces. Tenía novia, un trabajo, era lo que se dice un chico normal, como mi hermano. Tal vez por ser como uno más de tantas familias la gente se echó a la calle. Todo eso es pasado, cae el sol de julio sobre los vivos y los muertos y las tumbas se esconden, bullen la melancolía, la decepción y la derrota. Hoy el 60% de los menores de 30 años no sabe quién fue Miguel Ángel Blanco ni conoce el nombre de ninguna víctima de ETA. En los colegios, cuando se llega a esa parte de la historia ya se ha acabado el curso, lo que nos pasaba a los de EGB con Franco, que fue un señor mayor que se murió por la tele.
Imagino esas persianas bajadas entre los paraguas de las novelas de Aramburu dictando un relato amable. Lo peor de todo, disculpen, es que mañana estaremos en la playa, al igual que Otegi, como si nada hubiera pasado.











