¿Apoya León XIV la inmigración descontrolada del gobierno de España?
Magdalena del Amo.- Es sorprendente, pero la respuesta es sí, lo cual preocupa a una buena parte de la población. El gobierno autócrata, por propio interés y por decreto, se salta el Parlamento y pisotea el espíritu de la democracia; y el papa y sus subordinados jerárquicos, sensibilizan los corazones de muchas personas de bien, con información sesgada y argumentos falaces. ¡El atajo emocional casi siempre resulta una herramienta eficaz!
Es obvio decirlo, pero todos sentimos lástima por las personas que se ven obligadas a abandonar su país, sea por conflictos bélicos, en busca de una vida mejor, o por cualquier otro tipo de adversidad o circunstancia calamitosa. Pero no hablamos de eso. La inmigración descontrolada no es un problema social, sino un tema político, del que ni siquiera los gobernantes conocen su alcance. ¿Quizá se pretende el caos total, combinado con hambrunas programadas, periodos de restricción y total ausencia de libertad? ¿Quizá nos estamos durmiendo en los laureles?
Sin ninguna duda, estamos asistiendo a la campaña más feroz de cuantas ha habido en pro de la inmigración masiva, que, aunque esto no sea políticamente correcto expresarlo, no deja de ser una invasión consentida. ¿Qué vamos a hacer con toda esta gente que llega de manera desordenada, sin siquiera conocer sus auténticos nombres, edad y antecedentes? ¿Seguirá el gobierno expropiando hoteles y spas para alojarlos o los dejarán que okupen viviendas ajenas? ¿De dónde piensan sacar el personal sanitario necesario para atenderlos? ¿Construirán más cárceles para quienes delincan, o, simplemente, los dejarán campar a sus anchas? ¿Seguiremos pagando cantidades astronómicas por cada mena que entra? ¿Pueden resistir las arcas del Estado el chorreo de fondos en ayudas de todo tipo, a las que “los de aquí” no pueden acceder, aunque lo necesiten?
Hemos hablado y denunciado esto hasta aburrir, pero en esta ocasión tenemos un nuevo elemento en el plan con el que no contábamos: la campaña de León XIV a favor de esta insensatez mayúscula y, como era de esperar, de la Iglesia en pleno. El clero, que salvo algunos obispos que no temen los titulares de prensa, y cumplen debidamente con su misión pastoral, por ejemplo, denunciando las leyes contra la vida humana, suele ir a su aire y prefiere no meterse en problemas.
Tiempo atrás, hemos esperado unas palabras de la Conferencia Episcopal en defensa del Valle de los Caídos, un símbolo de hermandad de los españoles muertos en la guerra. El Vaticano podía haber salvado el Valle, pero el papa Francisco prefirió darle gusto a la izquierda quemacuras, y permitió reasignar el lugar, en virtud de la mal llamada “memoria democrática”. El prior Santiago Cantera fue la primera víctima cesada, con otros dos monjes, al parecer, por su marcado pasado franquista. ¡Cómo no iban a sentir cariño y respeto por su salvador! Los antecesores de los que hoy intentan destruir el Valle, para que olvidemos la realidad de lo sucedido, a cambio de un relato ad hoc, asesinaron a algo más de 7.500 religiosos, entre obispos, sacerdotes, seminaristas, monjas y novicias; algunos de ellos, adolescentes. Pero a la jerarquía no le gusta recordarlo. Ni siquiera quieren que llamemos mártires a los mártires. Todo por caerle bien a la tropa que está destruyendo España simulando que gobiernan.
Pero León XIV ha decidido entrar a saco y posicionarse en el tema político. Primero, arremetiendo contra Donald Trump –no lo habría hecho si se tratase de Obama o de Biden—, en favor de Irán, adoptando una postura buenista como si desconociera el peligro de este país de fanáticos, si consigue la bomba nuclear. Y como era previsible, la consecuencia no se hizo esperar. Acto seguido, los medios propiedad de la Iglesia y otros afines, más la jerarquía en pleno, se unieron a la campaña progre del “no a la guerra”, con argumentos más falaces que otra cosa.
Después, vino el posicionamiento público sobre la inmigración y, al paso, la campaña contra VOX, el único partido que se atreve a hablar de la realidad, sin equidistancias. Parece que el pontífice está preocupado por la polarización, como si fuera algo condenable per sé, y apunta con el dedo, aunque se equivoca de blanco. Ha de saber su Santidad que el gran maestro de la polarización en la etapa democrática de España se llama José Luis Rodríguez Zapatero, quien calculaba los tiempos cuando le interesaba “tensionar”, tal como apareció en un off the récord confesándole la estrategia a su cómplice de entonces, Iñaqui Gabilondo. Y este de ahora ha incorporado la gramática parda del otro, más lo que trae de serie. ¡Completito!
Pero es más cómodo hacer crítica fácil e interesada que analizar y hacerse preguntas. ¿Está la sociedad preocupada por la inmigración o nos lo estamos inventando? ¿Es tan difícil entender el significado de “prioridad nacional” sin recurrir a la exégesis? Decimos esto con conocimiento de causa, tras habernos tomado el trabajo de escuchar durante días, editoriales y contenidos de la cadena COPE, especialmente el fin de semana; y debemos decir que, aparte de delirantes, nos parecieron tan desajustados de la realidad, que no dudamos que todo esto no es lo que parece, y que detrás del telón se están moviendo los hilos invisibles de ocultos intereses, lo cual es muy preocupante. Pero lo peor de todo es que se manipula y tergiversa la verdad, utilizando el Evangelio y poniendo a Jesús por testigo. ¡Qué grave error de nuestra Iglesia, posicionada con los auténticos enemigos! En realidad, en medio de los avances y las distracciones de la sociedad del bienestar, vivimos una etapa de gran oscuridad y confusión. ¿Será cierto que son las señales que anuncia el Apocalipsis? ¿Quizá, como apuntan algunos estudiosos de la escatología, Benedicto XVI fue el último papa legítimo, ya que, según el Derecho Canónico, su renuncia fue inválida? Si es así, ¿quién es Robert Prevost?
*Psicóloga, periodista y escritora











