Guerra asimétrica iraní y escalada bélica regional

El estrecho de Ormuz es clave como punto estratégico; por tanto, quien controle el paso contralará parte del 21 % de comercio de petrolero, que afecta economías no solo regionales, sino a nivel mundial. (X)
La batalla naval por el estrecho de Ormuz ha traído como consecuencia una escalada bélica del conflicto en Medio Oriente, por tanto, ya no solo involucra a Estados Unidos, Israel e Irán, sino también la movilización de milicias en Irak y el Líbano; al mismo tiempo, la respuesta iraní ha afectado a países de la región como Omán, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Irak.
En otras palabras, la respuesta militar por parte de Irán en el estrecho de Ormuz pone en jaque el comercio del 21 % de petróleo crudo y del 30 % de gas natural, a su vez que golpea estratégicamente las economías de países aliados de Estados Unidos, que están parcialmente indefensos ante los ataques por parte del Estado persa.
Por tanto, podemos señalar que la estrategia de guerra asimétrica iraní está generando un resultado no deseado para EEUU dentro del teatro de operaciones en el estrecho de Ormuz, el cual conecta el golfo Pérsico con el de Omán, a su vez, teniendo bajo alcance a una corta distancia importantes puertos especializados como terminales petroleras y de gas natural, las cuales han sido alcanzadas por munición merodeadora o drones kamikazes, obligando a las instalaciones portuarias a subir los niveles de seguridad, limitando los accesos, cortando operaciones de carga y de muelle, lo que trae como consecuencia un atasco en la actividad y operatividad de los buques en puerto, golpeando estratégicamente los intereses de otros países, con la finalidad de ejercer presión político-militar y desalentar la iniciativa militar estadounidense.
Para lograr el bloqueo de las rutas navales comerciales de la zona, Irán ha optado por tácticas de guerra no convencional importadas del conflicto ruso-ucraniano, enfocándose en el uso de drones marítimos explosivos llamados Unmanned Surface Vehicle (USV) o vehículos de superficie no tripulados para hundir y dañar los buques petroleros y de gas natural que transitan por el golfo Pérsico; al mismo tiempo, estos son reforzados por drones aéreos “kamikazes” Shahed–131 con un alcance aproximado de 700 Km, pero con una menor carga explosiva, y los Shahed–136 con una distancia operativa de aproximada de 2000 Km; estos últimos utilizados para dañar las instalaciones portuarias y paralizar las operaciones en las terminales de carga.
Seguidamente, Irán cuenta con pequeños barcos y submarinos que pueden ser empleados para minar el estrecho y para producir sabotajes en embarcaciones e instalaciones navales. Para el minado del fondo, Irán despliega unidades rusas MDM-3 / MDM-6, las cuales funcionan mediante un sensor detonando sin la necesidad de tocar el casco del buque. Por otro lado tenemos minas Sadaf de fabricación local que sirven para un minado en grandes cantidades de la zona, con una función similar a las minas rusas. Por último, Irán cuenta con un modelo más sofisticado como la EM-52 de fabricación china, la cual se coloca en el fondo marino. A diferencia de las anteriores, esta no explota al detectar la embarcación, específicamente dispara un cohete submarino guiado, que busca impactar la embarcación.
Aunque la estrategia de Irán puede ejercer presión sobre las rutas navales petroleras, no detiene por completo las operaciones de carga y descarga en terminales navales, ni las rutas comerciales. A su vez, provoca una escalada del conflicto, que integra a otras naciones vecinas.
Por tanto, para diversificar territorialmente el conflicto y desconcentrar el territorio iraní como eje bélico, se optó estratégicamente por la movilización de grupos proxys como Hezbolá en el Líbano e Irak, trayendo como consecuencia la reacción del Estado de Israel a su zona fronteriza, con la finalidad de garantizar el resguardo inmediato de su territorio, que puede ser afectado por las milicias proiraníes. Seguidamente, podemos señalar la no iniciativa de las etnias iraníes para avanzar fuera de las zonas de dominio, lo cual podría traer un resultado negativo a la estrategia empleada por Estados Unidos.
Sumando a la movilización, nos encontramos con la vulnerabilidad de las defensas aéreas de los países afectados como Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Kuwait, Omán, que han sido atacados constantemente por drones, demostrando que ninguno de ellos está preparado para un conflicto a gran escala. En el caso de Israel, no solo ha sido atacado por drones, sino también por diversos tipos de misiles, en algunos casos sobresaturando las defensas que protegen su espacio aéreo.
Por consiguiente, Estados Unidos, por razones operativas, se vio obligado a mover equipo militar destinado a Corea del Sur, como son las defensas antimisiles balísticos THAAD, que funcionan a una gran altitud para alcanzar los misiles balísticos iranies en su etapa final de vuelo.
Al mismo tiempo, se ha recurrido a la industria militar ucraniana para la adquisición de drones interceptores, estos utilizados para derribar munición merodeadora (drones kamikazes) debido a su bajo costo de producción y una considerable disponibilidad, dejando en reserva para funciones de mayor importancia los misiles antiaéreos guiados, que son de mayor valor económico y operativo.
Por último, podemos tomar en cuenta la movilización de infantería de marina estadounidense al estrecho de Ormuz, lo cual, podemos tomar como señal de una escalada en el conflicto a largo plazo y un eventual cambio de estrategia; por tal motivo, esto puede dejar a un lado la opción de no emplear fuerzas terrestres, agregando una posible intervención militar de las Fuerzas de Defensa de Israel en territorio libanés, como ocurrió en la Franja de Gaza en 2023.
La guerra naval de Ormuz podría tomarse como el inicio de una escalada bélica que pueda afectar a largo plazo la región, integrando la experiencia del campo de batalla ruso–ucraniano, que de manera similar ha cambiado por completo el empleo de armas y las tácticas navales, evidenciando que no es necesario emplear grandes y caras embarcaciones para la defensa marítima. Al mismo tiempo, Irán explota las debilidades de países vecinos por la falta de inversión militar, que han convertido el golfo Pérsico y el de Omán en el punto débil estratégico del teatro de operaciones interventor.
Cabe destacar que el estrecho de Ormuz es clave como punto estratégico; por tanto, quien controle el paso contralará parte del 21 % de comercio de petrolero, que afecta economías no solo regionales, sino a nivel mundial. Por ende, el ejercicio de fuerza militar sobre el estrecho puede ser determinante para la victoria de cualquiera de los bandos en conflicto.











