El gobierno dice «no a la guerra» pero le encanta recaudar más impuestos por efectos de la misma
Miquel Segura.- Me lo contaba esos días Joan Company, presidente de «Asaja», la mayor y más potente asociación de productores agrarios de Baleares: «Esto se está poniendo feo». Se refería a los precios de los carburantes, los abonos y otros elementos imprescindibles para el normal desarrollo de nuestro sector primario. Es por la guerra, claro, pero también debido a la falta de medidas al respecto por parte del gobierno central. Parece que, en su decidido intento de culpar a la «pérfida derechona» de apoyar esta confrontación, Sánchez estuviese dispuesto a castigar a los empresarios, los productores, y, en general, a los que se ganan la vida trabajando y que, por supuesto, nunca le han votado ni le votarán.
Veamos: el gasóleo rojo, el que usan los agricultores, ha subido ya nada menos que 30 céntimos por litro. Otros países europeos están tomando medidas de choque para hacer frente a esta crisis: por ejemplo, rebajar o suprimir el IVA de los carburantes. Mucha gente ignora que por muy cara que esté la gasolina, casi el cincuenta por ciento de su precio al consumidor corresponde a impuestos. Donald Trump, siempre zafio, se vanagloriaba el otro día de que «cuanto más suba el petroleo más dinero vamos a ganar». Con todo, Sánchez se me antoja peor: ese calla y actúa. Por supuesto que el gobierno «Frankestein» va a ingresar mucho más en impuestos por el encarecimiento del coste de la vida. El marido de doña Begoña, que sabe que su gobierno puede saltar en cualquier momento por los aires, quiere aprovechar el tiempo que le queda -yo pienso que aún tiene cuerda- para recaudar todo lo que pueda y un poquito más. Sabe que no va a arruinar a los ricos riquísimos y la ya casi inexistente clase media le importa una ventosidad de saxofonista. Por lo que respecta a Yolanda Díaz -esta ya si a punto de hacer mutis por el foro- no cejará hasta el último momento en su empeño de hundir a los empresarios.
¿Y en Baleares? Pues aquí tenemos a los tontacos de Més batiendo sus propios récords. En vez de proponer medidas para contener la inflación y ayudar al pequeño comercio o al modesto agricultor se dedican -un ejemplo- a denunciar supuestas «redes de influencia para beneficiar a unos pocos» a raíz del cierre de la SAT s’Esplet, acordado hace nada menos que un año por su junta general y realizado cumpliendo todos los requisitos legales, recolocando a sus trabajadores y dando opciones de salida para su genero a los escasos socios que todavía les quedan. A los dirigentes de Més de sa Pobla les importa una higa la supervivencia de los productores de patatas, su objetivo es dañar a empresarios honestos que, ellos sí, buscan alternativas de futuro en un mundo cambiante cuyos principales rectores -que no están en el Govern, ni en Madrid, ni en Bruselas- decidieron hace tiempo que el modelo agrícola vigente hasta ahora debía desaparecer. Por supuesto los del PSIB están en el mismo juego. Lo que pasa es que su relevancia en el panorama político isleño es tan baja que apenas se les nota. Siguen muy preocupados por la próxima comparecencia de Armengol en sede judicial. Temen -les ha ocurrido a otros- que entre como testigo y salga como imputada. Por eso preparan a Rosario Sánchez -buena chica, muy bien preparada, pero con escaso o nulo punch electoral- para presentarse a unas elecciones que, a priori, tiene perdidas. Pero ojo, que si la guerra se alarga el escenario va a ser cambiante.
Por cierto: los de Coalició per Mallorca se han sumado también al coro de plañideras por los casos tan lamentables como inevitables de los cierres de Agama y s’Esplet. Pretenden colgar el espantajo de la culpa en las espaldas de Prohens y Simonet. Cuidado, chicos, no os equivoquéis porque todavía sois como hojas que se las lleva el viento.











