Florentino Pérez hace feliz al Barcelona
Puede parecer una provocación, pero cada temporada ofrece nuevas pruebas: Florentino Pérez, el hombre que prometió eternizar la hegemonía del Real Madrid, se ha convertido en uno de los mayores aliados indirectos del FC Barcelona.
Mientras el Barça sobrevive entre palancas, deudas y malabares financieros, el madridismo observa cómo su presidente libra batallas personales que poco tienen que ver con el césped. La obsesión de Florentino con la Superliga, su enfrentamiento constante con LaLiga, la UEFA y medio planeta fútbol, y una gestión cada vez más presidencialista han provocado un escenario perfecto para el rival histórico: un Madrid distraído, tensionado y, a menudo, desconectado de la realidad deportiva.
Florentino presume de estabilidad institucional, pero esa estabilidad esconde decisiones frías, tardías y en ocasiones erráticas. Se dejó marchar a leyendas sin reemplazo inmediato, se apostó por proyectos incompletos y se confió en exceso en que el escudo y el pasado ganarían partidos. El resultado: temporadas irregulares que el Barcelona, incluso en crisis, ha sabido aprovechar.
Paradójicamente, mientras el Barça parecía condenado al abismo económico, ha encontrado oxígeno compitiendo contra un Madrid más preocupado por dominar despachos que por reforzar su plantilla con urgencia. Cada tropiezo blanco es celebrado en Can Barça no solo por el marcador, sino porque confirma que el rival ya no es implacable.
Florentino Pérez ha sido clave en la grandeza moderna del Real Madrid, nadie lo discute. Pero también es justo decir que su etapa actual genera más alivio que miedo en Barcelona. Y en el fútbol, no hay mayor victoria simbólica para un rival que ver cómo el presidente enemigo insiste en caminos que te benefician.
Hoy, Florentino no necesita vestir de blaugrana para hacer feliz al Barça. Le basta con seguir siendo Florentino.











