¿En qué cree la derecha social y política española?
AD.- ¿En qué cree la derecha social española más allá del dinero y de un puñado de tópicos cuarteleros? ¿En qué cree Feijóo que no tiene el valor de laminar políticamente al mismo sujeto, inútil y felón, que acabó con sus sueños monclovitas de 2023 y que está dispuesto a que se repita la historia en 2027? ¿En qué cree Abascal por encima de mantener sus privilegios de ‘nuevo rico’ sin la engorrosa tarea de tener que trabajar? ¿En qué cree la parentela parasitaria de todos esos generalotes mediocres encumbrados por Franco que pase por encima de la conservación de sus privilegios económicos y sus prerrogativas nobiliarias? ¿En qué cree Pío Moa fuera de vender sus libros? ¿En qué creen Fernando Paz y Javier Paredes fuera de sus tertulias y sus conferencias bien remuneradas? ¿En qué creen los editores de esos digitales residuales, irrelevantes y de una ínfima calidad, que conforman el menguado universo de la derechona mediática? ¿En qué cosa cree Julio Ariza que tenga algún valor trascendente? ¿En qué creen esos que retuercen los argumentos y los reducen a la nadería intelectual? ¿En qué creen aquellos que reducen el concepto de España a un par de eslóganes ridículos e insustanciales? ¿En qué creen esos católicos nominales escasamente inclinados a empatizar con quienes no tengan como ellos una visión tan clasista y sectaria de la existencia humana? ¿En qué creen esos que hablan de priorizar a los españoles y luego contratan a temporeros africanos y a chachas sudamericanas? ¿En qué creen los que llamándose franquistas votan a partidos que carecen del valor de defender el legado de Franco? ¿En qué creen los cabecillas de esa miríada de partiditos que entre todos no suman más de 20.000 votos? ¿En qué valores creen los autoproclamados patriotas si entre ellos no se toleran, ni se soportan, ni se quieren? Así que seamos claros: estamos como estamos porque una buena parte de la derecha política es deplorable, insolidaria, cobarde y moralmente liliputiense. Lo fue la CEDA, lo fue AP, lo es el PP, lo es VOX y lo será cualquiera que se constituya en partido político. Así se ha diseñado el sistema para los idiotas, que somos nosotros.
¡Cobardes! Vergüenza y pena. Asco y rabia. Esto es la derecha; toda la derecha, la del PP, por supuesto. Desde el minuto uno, traidores sin principios, abortistas convencidos, machacas de la educación de género, lobbystas LGTBI+, masones y anticatólicos… De todo le venden en las oficinas de Génova. Son como una de esas muchachas que no muy lejos, paseaban con la mirada perdida, en Capitán Haya, por un precio, cualquier servicio.
Y en cuanto a Vox, representa en punto a transformar la sociedad española lo mismo que el PP, el PSOE o Alvise. Es decir, nada.
Por si ustedes no lo saben, Vox fue creado en la sede de Génova por Arriola, con la complicidad entre otros de Vidal-Quadras e Ignacio Camuñas, para canalizar en un partido satélite la hemorragia de votos que las políticas socialdemócratas de Rajoy estaban provocando. Esta afirmación la podría verificar cualquiera de los que formaron parte del nacimiento de Vox. Vidal-Quadras, que siempre fue un dirigente bastante escurridizo, se desentendió del nuevo proyecto cuando sus expectativas políticas encallaron en las elecciones europeas del 2014. Con él se marcharon casi todos los que formaron parte del núcleo duro del partido de Vox. El plan urdido por Génova había fracasado, pero el Sistema quiso aprovechar la infraestructura política creada para dotarla de un barniz identitario.
El riesgo de que en España pudiese surgir descontrolado un partido verdaderamente identitario era demasiado grande. Así que se optó por la reconstrucción de Vox. Vistalegre representó su salida de la UCI. El principal objetivo del partido liderado en la sombra por Iván Espinosa de los Monteros y sus contactos elitistas internacionales, fue disuadir al enfermo crónico de las recetas alternativas. O, lo que es lo mismo, que siguiera confiando en las prescripciones de las mismas multinacionales farmacéuticas que le llevaron a la postración.
¿Y qué decir de esa conspicua recua de emasculados con traje talar que atienden por Conferencia Episcopal?
Viles traidores, herejes, perjuros, cobardes todos, criminal, alguno. Que por un plato de lentejas podridas y llenas de gorgojos han vendido al salvador de la religión católica en España.
La misma Conferencia Episcopal que mantenía como obispo al monstruo cooperador de asesinos llamado Setién. Esa piara de semovientes que mantenía silencio vergonzante cuando las familias de asesinados por ETA no podían enterrar a sus muertos.
Solo dejaron al último hombre que posee la Iglesia visible: don Custodio Ballester, que ha aguantado las presiones de la mafia progresista, solo, sin la ayuda de un solo purpurado.
A la derechona española le resulta mucho más cercano un chisme o un tópico patriotero que una labor de combate ideológico contra el totalitarismo doctrinal de la izquierda. Y eso debemos aceptarlo así. Ya decía Machado que “en España de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa”.
Una de las maneras para distinguir entre “disidencia controlada” y disidencia real son los objetivos: los que se oponían a las autonomías les faltó tiempo para sentar sus posaderas en los gobiernos autónomos.
Lo mismo ocurre en sectores trevijanistas, una disidencia intelectual pero extraordinariamente formada, que de verdad supone un peligro para el estado porque (a diferencia de chivatos enmascarados y calvetes simpaticones con canal de YouTube montado por VOX), los que se reparten ahora la legitimidad del legado de Antonio García Trevijano sí tienen un planteamiento político, económico y social que podría transformar España. Por eso el sistema no ha tardado en dividirlos, creando cizaña entre ellos. Lo mismo que ocurre con los patrioteros unineuronales que exaltan a líderes extranjeros del siglo pasado. Con sus atavíos estrafalarios han impedido siempre el advenimiento de otra alternativa con voluntad de transformar la sociedad de arriba abajo. Esos grupúsculos patrioteros, desde el comienzo de la transición, han tenido más «infiltrados» y «chivatos» que militantes…
El panorama, en cualquier caso, es desolador. En punto a los que abominamos de este corrompido régimen, más cuenta nos traería alinearnos con los que en Cataluña trabajan para su desaparición. Al menos esa gente cree en lo que dice y dice lo que cree. ¿En qué cree la derecha española que no sea la pasta y hacerle siempre el trabajo sucio al enemigo?












La política de Españistan está controlada por los Borbones desde que llegaron hace 325 años y la diabólica masonería.
Todo es mentira, corrupción y conspiración.
Duro y certero artículo. Sin embargo, no aporta soluciones, al menos, visibles. La zurdería, avanza envalentonada y segura, merced a la pusilámine actitud de una derechita, miedosa, acomplejada (¿por qué?). Así no habrá un cambio sustancial en la política española. Vamos al estrelladero. Seguro
La culpa de todo es de Franco, porque el muy jodio fue y la palmo.
La derecha, la izquierda, el centro, los de adelante, los de atrás y los del medio: creen en la Masonería y su NOM
En el caso de la política, creer es estar tan firmemente convencido de la autenticidad de los fundamentos, principios, valores de un ideario, que se considera que merece absoluta lealtad, de modo que el que cree, para lograr los propósitos que se persiguen en el mismo, no escatima sacrificios, esfuerzos, trabajos, porque la entrega es total, sin plantearse jamás el abandono ya que su honor, no tolera la infidelidad al compromiso, lo que supondría una enorme incoherencia, ceder, transigir a lo que pueda menosscabarlo. Su actitud siempre es enfrentarse a los desafíos con valor. Quien tal hace, es un ser… Leer más »